El informe que ha publicado esta semana Greenpeace España (“El Futuro en llamas: cambio climático y evolución de los incendios forestales en España”) dedica un amplio espacio al problema de los Grandes Incendios Forestales.
Este es un tema que he tratado ampliamente en este blog. El fuego de cada día ha sido una herramienta de trabajo, no mucho más peligrosa que otras que utilizamos a diario. Pero los grandes incendios, especialmente los muy grandes, son verdaderas catástrofes que se llevan vidas y bienes. Es más discutible si son más o menos dañinos para una naturaleza salvaje, pero para la naturaleza humanizada de nuestro milenio son un problema muy grave.
Además ocupan las portadas de la prensa. Cada año mueren en incendios “urbanos” en España unas 300 personas, treinta o cuarenta veces más que en los forestales, y otras 2.700 resulta heridas, pero sus imágenes son menos espectaculares y no llaman la atención.
Si leemos el informe de Greenpeace sin disponer de más información, podemos quedarnos hondamente preocupados:
“Los grandes incendios de julio de 2009 confirman una tendencia preocupante, que los expertos atribuyen al cambio climático y a otros cambios operados en el medio rural en los últimos 50 años”.
Es verdad que en el pasado mes ha habido muchos grandes incendios (grandes en la escala española, que los cuenta si superan las 500 hectáreas quemadas). Hasta el pasado 2 de agosto se habían contabilizado 25, bastantes más que en años anteriores. Pero ¿Cuál es la evolución anterior? ¿Realmente se están incrementando el número de grandes incendios y la superficie afectada, tal como afirma Greenpeace?
Casi siempre es posible buscar en las estadísticas un periodo tal que nos permita decir que la tendencia es creciente o decreciente. Si miramos solamente los últimos diez años, 2009 va a ser un récord. Pero si, tal como se dice, no se trata de un año excepcionalmente malo, en el que se han juntado unas cuantas circunstancias adversas, sino de una tendencia de fondo provocada por el cambio climático y la evolución del medio rural, esa tendencia se verá venir de más lejos.
Pues no. He encontrado en las estadísticas ministeriales los datos de grandes incendios desde 1970. Se supone que es en estos cuarenta años en donde se han dado los cambios del medio rural y el clima. ¿Porqué no utiliza Greenpeace estas informaciones? Posiblemente por una sola razón. Porque no confirman su tesis de que vamos a peor. De hecho la situación ha mejorado notablemente, especialmente en los años recientes, que han sido más cálidos y con un mayor abandono rural.
En el siguiente cuadro he incluido las informaciones sobre el número de grandes incendios registrados.
La última década ha tenido un número bastante bajo de grandes incendios. El año actual, aunque todavía incompleto, está en torno a la mitad de los grandes incendios históricos. Se puede observar que es entre 1976 y 1986, cuando aún no se hablaba del cambio climático, cuando se dieron los peores años. La tendencia es claramente a la baja y difícilmente este año solo, por muy malos que sean los resultados, va a lograr cambiar la tendencia.
El informe dice también que los grandes incendios “representan cada vez mayor porcentaje anual de la superficie calcinada“. Aparentemente no parece que sea difícil porque, apesar de la idea muy extendida la superficie total quemada ha descendido muy notablemente estas décadas:

Valores anuales medios de los tres últimos decenios. En el último los valores son aproximadamente la mitad de los del primero
En el siguiente cuadro muestro las superficies quemadas en los grandes incendios, año a año, y la tendencia de los últimos treinta:
Más cosas del informe: “Esta nueva tendencia indica que los incendios son cada vez mayores“.
Aquí si que Greenpeace tiene algo de razón. Aunque de forma brusca, pues se debe a los datos de unos pocos años, sí se puede observar que la media anual de la superficie quemada por los grandes incendios ha subido:
Pero este gráfico resulta relativamente engañoso, porque el número de incendios y hectáreas quemadas varía notablemente de unos años a otros. Ver la tendencia de las medias anuales sin ponderarlas por la importancia de los daños no representa bien la realidad. Por ejemplo los años 2004 y 2006, en donde hubo picos en la media anual, fueron de relativamente pocos grandes incendios.
Si calculamos la media de todo el decenio vemos que la medio de todos los grandes incendios del periodo 1979-1988 fue de 1.270 hectáreas. El decenio siguiente subió a 1.810, pero el último bajó hasta 1.570 hectáreas.
Por último otra conclusión no muy correcta de Greenpeace: “según la estadística de incendios forestales en España, los grandes incendios forestales (Gif), aquellos que superan las 500 hectáreas de superficie, representan cada vez mayor porcentaje anual de superficie total calcinada.”
Es el momento de volver unos párrafos más arriba hasta el cuadro en el que he puesto las medias por decenios y mirar la columna de la derecha. El porcentaje de superficie quemada en los grandes incendios ha pasado de un 38,6% en 1979-1988 a un 39,4% en 1989-1998. En el último decenio ha bajado hasta un 37,0%. Pero las diferencias son tan pequeñas que se puede decir que el porcentaje ha sido bastante estable en los últimos treinta años.
Habrá otros días para sacar conclusiones detalladas. Por hoy acabo con un comentario: es muy peligroso aplicar al estudio de un problema tan serio como el de los incendios ese consejo del mal periodismo: ¡no dejes que la realidad te fastidie un buen y alarmante titular!





No sé si es muy apropiado escribir un comentario en una entrada de hace varios días, pero imagino que es menos apropiado escribirla en una actual de otro tema, así que en fin, ahí voy:
Una vez más me sorprendes Lucaria al dar en el clavo interpretando las cifras, obteniendo conclusiones diferentes de lo que parece la opinión general. Realmente se trata de echarle tiempo y paciencia porque los datos son objetivos. Ahora bien, me admira aún más que todavía tengas tiempo y paciencia para además leerte determinados informes, yo hace tiempo que lo dejé, porque me dí cuenta que es posible saber lo que vas a encontrar antes de abrirlos. No sé si es por eso del mal periodismo que dices, al menos sí que tiene bastante de sensacionalismo. Puede ser que dentro de una estrategia que persiga unos fines muy loables, no lo dudo, pero en cualquier caso no me parece juego limpio.
Ahora, yendo a lo que interesa, los grandes incendios, si vemos las fechas de este verano, de los ventitantos que ha habido a finales de agosto, casi una docena se produjeron simultáneamente… ¡¡en dos días!!. Concretamente entre el 21 y 22 de julio: 1 en Tarragona, 1 Álava-Burgos, 1 Navarra, 1 Guadalajara-Soria, 2 Cuenca, 4 Teruel. Esto se debió a un episodio meteorológico puntual y concreto, con fuertes vientos del suroeste procedentes de África, que produjeron un acusado efecto terral o Foen o como se quiera llamar en el cuadrante noreste (si poneis los puntos de antes en el mapa no es casual que marquen la línea del sistema ibérico).
Esto explica los grandes incendios en zonas donde no son comunes (Álava y Navarra),pero donde las condiciones de riesgo fueron mayores al ser la zona donde el efecto del viento era más desecante. Sin embargo, en las otras zonas, hay algún factor más que en mi opinión es un ingrediente cada vez más común en los grandes incendios. No es casualidad que algunos de estos incendios se den en zonas del interior, poco pobladas, donde el monte va recuperando terreno y la continuidad de combustibles se va haciendo cada vez mayor: el sur de Soria y Norte de Guadalajara (otra vez, donde el trágico recuerdo), Teruel (la provincia que SÍ existe) y la serranía de Cuenca (antiguo paradigma de la gestión y el aprovechamiento forestal y hoy de la no-gestión que resulta la gestión de espacios protegidos).
En este tipo de grandes incendios, cuando además se da el episodio meteorológico de viento que se dió y además con simultaneidad de grandes incendios, cualquier operativo de extinción, por potente que sea, queda desbordado.
Luego para paliar el problema, iremos al origen, la prevención. Y nos encontramos con comarcas (o provincias enteras) despobladas y con una alarmante falta de gestión del territorio.
En estos casos, los grandes incendios no son el problema, sino una consecuencia de un problema mayor. Y no me refiero al cambio climático.