¿El futuro en llamas? ¿O es que el humo no nos deja ver el fuego?

No se trata de ningún estreno veraniego de una película de terror.

Greenpeace España hizo público la pasada semana su informe sobre “cambio climático y evolución de los incendios forestales en España”, con el espectacular título de “El futuro en llamas”.

El informe tiene muchas cosas interesantes, especialmente en el planteamiento de los incendios de alta intensidad y de los fuegos forestales en terrenos urbanizados. Merece la pena leer lo que dice sobre la “paradoja de la extinción de los incendios forestales”.

PortadaRecorteFuturiEnLlamas

En cambio otras cuestiones se presentan de manera deformada y merecen un tratamiento crítico. Hace unos días colgué un artículo sobre el caso de los grandes incendios. Hoy me voy a centrar en el que parece ser el tema central del informe: las relaciones entre incendios y cambio climático, que parecen desarrollarse sobre un sombrío fondo de oscuro humo.

Pido disculpas a los lectores de lucaria, porque esta vez se van a encontrar con un artículo largo y un tanto complicado, con muchos números y gráficos.

El dicho informe dice que “El cambio climático es el responsable de la subida de las temperaturas, así como un aumento en la sequedad del suelo. Provoca que los periodos de escasez de agua sean más frecuentes, lo que ocasiona una mayor desecación de la vegetación y por tanto un aumento de su inflamabilidad.”

Hay algo que echo en falta en esta frase. No sé si se hace referencia al cambio climático ya sufrido (llevamos un cuarto de siglo anunciándolo y parece que casi todo el mundo lo da por hecho) o del que nos espera en el futuro.

Si se trata del pasado me gustaría opinar, porque hay muchos datos y la imagen que da el informe de Greenpeace no me parece muy acertada. Si se trata del futuro hay que puntualizar que son previsiones cocinadas en ordenadores. Por muy caros y potentes que sean y por mucho trabajo e imaginación que hayan metido los programadores, sigue siendo preciso contrastar sus resultados con la realidad. No vale con decir que dentro de ochenta o cien años la temperatura habrá subido tanto, pues para entonces estaremos todos calvos. Ya llevamos más de veinte años haciendo previsiones de este tipo y debería ser posible ver si se va acertando o no.

Como referencia más notable el informe de Greenpeace indica diferentes datos y gráficas sobre Galicia, tomados de un conjunto de estudios realizados en esa región sobre el cambio climático (CLIGAL). Para evitar caer en generalidades me voy a centrar hoy en estudiar este ejemplo concreto, aun a sabiendas de que puede ser algo excepcional.

En estos estudios sobre Galicia no solamente se presentan las previsiones de los modelos sino que analiza también la evolución del clima reciente (Evolución recente do clima en Galicia, R. Cruz et al. ). Respecto a la evolución de la temperatura media, en sus conclusiones se puede leer, que “aumentó 0,18º por década en el periodo 1961-2006. El incremento no fue homogéneo a lo largo del periodo, destacando un aumento abrupto desde 1972, llegando a duplicarse la tasa: 0,36º por década”.

Y adjunta un gráfico en el que se puede ver esta evolución:

cuadroTemperatura

Pero este gráfico merece un comentario más detallado. De hecho los propios autores lo hacen en el texto del estudio (pagina 26). Pero esta frase tan importante no se recoge en las conclusiones: “la pendiente alcanza un máximo desde 1972 y a partir de entonces disminuye. De hecho la pendiente de los últimos 25 años no llega a ser significativa”. La pendiente se refiere a la tendencia al aumento (o disminución) de las temperaturas.

evolucion recente do clima de Galicia Cita p26

He reconstruido ese gráfico y he calculado las tendencias más recientes. Desde 1989 hasta 2006 (18 años) muestra una subida de menos de una centésima por decenio  (0,0089º), es decir una décima de grado por siglo. Si la calculamos para un periodo más reciente, desde 1994 a 2006 (13 años) la tendencia es hacia la baja (-0,1º por decenio).

cuadro Temperatura con tendencias

No dispongo de datos correspondientes a Galicia de los últimos dos años y medio. Pero puedo poner el gráfico de las temperaturas medias “oficiales” del AEMET (Agencia Estatal de Meteorología)  para toda la península.

cuadro anomalias t 1961_2008_Página_2

Se puede ver que 2006 fue un año anormalmente cálido y que en 2007 y 2008 las temperaturas cayeron incluso por debajo de 2005. Si estos datos de la media peninsular reflejan la evolución reciente en Galicia esa tendencia a la baja pueda llevar ya 15 años de existencia. Y si consideramos el lapso en el que no hay tendencia significativa de ascenso no bajada) nos podremos remontar a 20 años. Si en este periodo ha habido aumentos o descensos de los incendios y su gravedad no parece que podamos achacarlos a un calentamiento generalizado y global, sino como mucho a circunstancias meteorológicas menores.

(Un aparte: en el informe de Greenpeace se incluye un gráfico con la evolución de las anomalías de las temperaturas mensuales (diferencias respecto a las medias) en la península Ibérica según los cálculos del CRU. Pero ¿alguien me puede explicar porqué ese gráfico se detiene en el año 2000? No resulta nada difícil para una organización con medios actualizarlos al menos hasta el 2008. ¿Alguien me puede quitar la sospecha de que no se actualizan los datos porque no conviene, ya que muestran un no-calentamiento o incluso un enfriamiento de casi un decenio? )

Pero tanto o más que la temperatura son las precipitaciones las que tienen una influencia notable sobre los incendios. En ese estudio del CLIGAL se puede leer:”En lo que respecta a la precipitación acumulada anual, la media regional y las subregionales no muestran ninguna tendencia significativa. (…) A nivel estacional ninguna tendencia llega a ser claramente significativa. (…) Los resultados más claros aparecen a nivel mensual: en la media gallega hay un descenso casi significativo en febrero y un aumento significativo en agosto y octubre”. En resumen: apenas ha cambiado nada del régimen de lluvias en Galicia. Solamente se nota un ligero descenso en febrero  (época que la Xunta de Galicia considera de peligro bajo), y aumentos significativos de precipitaciones en julio (peligro alto) y octubre (peligro medio).

Es sorprendente que este dato significativo del aumento de la lluvia de agosto (mostrada con gráficos y cifras en el texto), el mes en que con mucho más superficie se quema en Galicia, no se haya incluido en las conclusiones ni en el resumen final para gestores. Pero no ha habido olvido para meter el poco apreciable descenso de febrero, que además por una extraña errata pasa de ser “casi significativo” en el texto a “significativo” en el resumen. El resultado para quien solo lee los resúmenes no es muy equilibrado.

Evolución de las precipitaciones en Galicia según el citado estudio de R. Cruz et al (CLIGAL). Hacer click para ampliar.

Si ha habido cambio climático en los últimos 20-25 años se ha notado poco y posiblemente para reducir el riesgo de incendios.

Los datos de otros estudios de ese proyecto CLIGAL también parecen confirmar este panorama (aunque no todos).

Así en el estudio sobre balance hídrico se constata una tendencia a la disminución de la insolación, posiblemente relacionada con un incremento de la nubosidad. En el periodo de 1969 a 2004 el balance hídrico (déficit y excedentes de agua anuales) no tienen ninguna tendencia significativa, excepto en   Santiago en donde se incrementa el exceso de agua anual. Solamente se detecta una cierta bajada en la disponibilidad de agua para la vegetación a lo largo del mes de junio, que podría estar relacionada con menores precipitaciones primaverales.

En el estudio sobre los caudales de los ríos desde 1970 se concluye que, mientras en algunos se incrementa en otros disminuye, y “no se puede establecer una certeza de la influencia del cambio climático” sobre ellos.

Por último hay un estudio sobre las sequías. En él se estudia el SPI (Standardized Precipitation Index), que es un índice utilizado para cuantificar el déficit de precipitaciones. Un valor positivo indica una menor sequía; si resulta negativo es que hay déficit.

En el siguiente cuadro se indican los datos de A Coruña para los meses de julio-agosto (arriba) y febrero-marzo (abajo). El índice se ha calculado teniendo en cuenta dos periodos, uno muy largo  de cien años y otro más corto de 45. Como el índice se calcula en base a la desviación típica estos índices varían un poco. Como es natural el calculado en un periodo más corto suele exagerar un poco las tendencias.

SPIfebmarYjulago

Cuadro del estudio de M. ALvaerez Enjo et al. Hacer click para ampliar.

Pues bien, los índices calculados con un  periodo largo, de un siglo, muestran que la tendencia es a que cada vez haya menos déficit de precipitaciones, en fin, que en Galicia llueve cada vez más. Si observamos lo que pasa en los últimos 45 años, se comprueba que en verano (julio-agosto) no solamente hay menos sequías sino que el tiempo más húmedo se agudiza.

En cambio en febrero-marzo podemos notar que pasa lo contrario. Aunque si lo vemos desde el largo plazo llueve algo más también en esos meses, en los últimos decenios parece llover (y nevar) menos. Especial importancia tuvo la sequía de 1997, tras la cual parece reponerse algo la tendencia.

Después de este repaso a la realidad reciente del clima no podemos deducir que las cosas vayan empeorando para el riesgo de incendios forestales. Lo hicieron probablemente en los años 80, pero desde entonces parecen mejorar de nuevo.

Es interesante contrastar esta evolución reciente con la de los incendios. Podemos ver que, a pesar de las alarmas de ese cambio climático que, a pesar de estos datos locales, se dice que ya están influenciando en los incendios, los resultados son bien otros:

Elaborado por lucaria a partir de las fuentes citadas. Hacer click para ampliar

Elaborado por lucaria a partir de las fuentes citadas. Hacer click para ampliar

No creo que se deba tanto a esta leve mejoría (la temperatura ha variado poco, las precipitaciones veraniegas se han incrementado tan poco que no evitan que aparezcan periodos de sequía) como a otras causas.

El informe de Greenpeace para poder presentarnos un negro porvenir (¿El futuro en llamas?) no se basa en las tendencias reales actuales sino en previsiones del futuro, realizadas a partir de los modelos climáticos.

Para reforzar esta visión alarmante del futuro aporta un gráfico con la evolución de un índice de peligro de incendios (el FWI) tomado de esa misma serie de estudios del CLIGAL. Los datos son preocupantes pues el número de días de peligro alto parecen triplicarse de aquí al 2060.

graficoIndiceFWI

En base a esa evolución de los índices se hace una estimación de la superficie que puede verse afectada, pudiendo también triplicarse.

graficoPrevisionIncendios

Se puede observar que si en las observaciones hay a veces la tendencia a no actualizar los datos, aquí que se hacen predicciones, las hacemos incluso para el periodo de cinco o seis años ya transcurridos. Si se ha utilizado un modelo con un periodo de referencia anterior (los autores del estudio lo han hecho con el periodo 1973-2006) sería interesante diferenciar cuales son los datos de la realidad, cuales las previsiones y qué grado de coincidencia tienen para ese periodo. Pero en esta gráfica parece estar todo mezclado.

Observemos además cómo hay una clara bajada en las predicciones de incendios, que por lo menos se prolonga hasta 2015.

Pero aquí nos estamos metiendo en otro tema muy interesante y que se merece un artículo propio: ¿existe una relación clara entre los índices de peligro de incendios y la superficie que se quema? Trataré esta cuestión dentro de unos días, por que me temo que pocos habrán aguantado este post hasta el final.

3 comentarios ¿El futuro en llamas? ¿O es que el humo no nos deja ver el fuego?

  • jorgero

    Sobre la “paradoja de la extinción”:
    Esto no es un descubrimiento de Greenpeace. Cualquiera que haya tratado algo con la gestión forestal (no hace falta saber mucho de incendios concretamente) o tenga formación sobre ello, puede concluir fácilmente que si de un ecosistema mediterráneo (evolucionado con el fuego) eliminamos el fuego y tampoco extraemos combustible (biomasa) por gestión o aprovechamiento, lo que estamos haciendo es alimentar el “polvorín” y tenerlo cada vez más dispuesto según pase el tiempo para ese incendio que seremos incapaces de controlar a tiempo.
    Hace años que algún estudio demostró que en la California mexicana, donde el régimen natural de incendios mantenía un mosaico de vegetación que dificultaba la propagación de grandes incendios, tan frecuentes al norte de la frontera, donde el operativo de extinción alcanza elevadas cotas de eficiacia (ojo digo régimen natural de incendios, no me refiero a arrovechamientos tradicionales del monte diferentes en México frente a los EEUU).
    Sólo por poner un ejemplo de lo que otros ya han dicho antes sobre esto:

    “Paradoja de la extinción. (…) los incendios forestales actuales se comportan de manera diferente a cualquier otro momento de la historia. Esto es debido principalmente a dos causas: la acumulación extrema de biomasa por culpa del abandono de los montes y, la segunda y más chocante, la exclusión del fuego.”

    en “Análisis del incendio forestal: planificación de la extinción”. Ed. Aifema, 2008, pág. 13. Federico Grillo y otros autores.

  • Miguel Angel Soto Caba

    Dices ¿Alguien me puede quitar la sospecha de que no se actualizan los datos porque no conviene, ya que muestran un no-calentamiento o incluso un enfriamiento de casi un decenio?

    ¿Estás preparado para ceder, no tener razón siempre o simplemente empezar a limpiar de prejuicios tu mente?

    En caso afirmativo te diré que pusimos la gráfica tal como la vimos, no teníamos tiempo para buscar y procesar datos.

  • Miguel Angel Soto Caba

    En efecto, el capítulo “la paradoja de la extinción” está elaborado a partir de la bibliografía existente, en especial de los expertos catalanes. Está todo referenciado en el informe. Pero si lo que queremos es, nuevamente, criticar a Greenpeace, lo entiendo.

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