A mediados de julio los romanos celebraban la Lucaria, la fiesta de los bosques sagrados. Según se dice conmemoraban así que se habían logrado refugiar en ellos tras una desastrosa batalla con los galos en el año 390.
No es que esos bosques fueran tan sagrados como para que no se pudiera cortar los árboles o roturar, pero era preciso hacer antes un sacrificio propiciatorio. Otros autores cuentan que estos sacrificios se hacían, a falta de EPIs, para proteger a los leñadores de los espíritus malignos.
Ahora de nuevo los bosques se han sacralizado, tal vez porque encontramos refugio en ellos cuando nos sentimos derrotados en la vida diaria. También existen ofrendas propiciatorias, en forma de medidas compensatorias, certificaciones forestales o zonas de reserva. La mala conciencia que la sociedad tiene respecto a sus bosques parece tener todavía un sustrato religioso.
Este blog se escribe desde el respeto a los bosques, y en general a la naturaleza, que incluye sin ninguna duda a las personas. Ya que la naturaleza ha sabido crear algo tan elaborado como la mente humana, capaz de una alta racionalidad, este respeto se transmuta en irrespeto por las actitudes irracionales respecto a los bosques.
Hay mucho que conocer sobre cómo funcionan los bosques. La repetición de lugares comunes, sin sentido crítico alguno, no es la mejor manera aumentar nuestro saber. Y sin conocimiento no es fácil lograr un buen equilibrio entre el uso y la conservación de los espacios forestales.
Rigor y sentido crítico. Estas son las normas que me impongo para llevar adelante este blog. Conocimiento innovador, es el objetivo que desearía alcanzar. Las referencias al pasado, como apunta el título, serán la base sobre la que contruir esa innovación.
El “forestal” más famoso de todos los tiempos tuvo mucho que ver con las “Lucaria”. Realmente no es conocido por ese oficio, pero Julio César tuvo durante un tiempo un cargo que le responsabilizaba de los bosques sagrados romanos.
Mucho ha cambiado la historia desde entonces. Quienes han tenido durante milenios la responsabilidad de cuidar y aprovechar los bosques han pasado por no pocas profesiones y oficios. La “profesión forestal” en su formato moderno nació hace menos de dos siglos. Pero ahora, en una sociedad abierta y compleja, hablar de ella como de LA “profesión forestal” resulta cada vez menos inteligible.
Uno de los soportes lógicos de este blog es el de una visión extraordinariamente poco corporativa de la relación entre la sociedad y sus bosques. La prevalencia de los grupos formados porque atravesaron en el pasado por las mismas pruebas iniciáticas de exámenes y oposiciones sobre los individuos que son capaces de mantener en el presente relaciones de responsabilidad y excelencia en el trabajo con los bosques, tiene un carácter enfermizo.
No me siento de la misma profesión que Julio César. Tampoco de la de muchos de otros que han tenido posteriormente responsabilidad con los bosques. Pero sí me imagino charlando virtualmente con ellos sentados sobre un árbol caído, pues siento la obligación de aprender de su experiencia.
Espero que este blog ayude a hacerlo.