El Kuensel es un periódico en inglés de Bután, un pequeño país en el Himalaya. De sus páginas procede una noticia que la agencia Reuters ha difundido por el mundo y me ha provocado un escalofrío.
(traducción: “Los verdes bosques de Bután, que por mandato constitucional siempre deben ocupar al menos un 60% del territorio, están bajo una tremenda presión debido a la creciente demanda de mástiles para las banderas de oración que salpican las colinas y valles del país“.)
No parece ser ninguna exageración del periodista. El director adjunto del servicio forestal, Gopal Mahat, en unas declaraciones a ese periódico afirma que “se trata de una sangría del recurso forestal, pero no podemos detener la concesión de permisos, especialmente para un rito importante, porque se trata de sentimientos”. El mismo secretario de agricultura, el honorable Dasho Sherub Gyaltshen confirma que la presión sobre los bosques es “tremenda y proviene de todas las direcciones, desde las banderas de oración hasta las centrales hidroeléctricas y sus líneas de alta tensión, e incluso de las ocupaciones ilegales.”
La desazón que me causó esta noticia al leerla por primera vez es comprensible. Supongo que la mayor parte de los lectores la compartirán. Debe tratarse de un pequeño país con dificultades de desarrollo económico y que parece estar afrontando un grave peligro de deforestación. Al estar situado en el corazón del Himalaya esa situación debe crear muchas complicaciones, como erosión, riesgos de avalanchas, escasez de leñas para afrontar los duros inviernos… Esta debía ser la impresión que el periodista de la agencia Reuters quería crear, pues nada se decía del contexto, ni se daban más datos del estado de los bosques butaneses.
La cosa parece ser tan grave como para plantearse limitar una tradición de gran importancia en un país budista. La referencia a las banderas de oración me traía el recuerdo de reportajes televisivos sobre prístinos valles habitados por monjes budistas.
Se trata de una tradición importante. Se izan banderas al viento para traer buena suerte, felicidad y prosperidad. Pero son especialmente importantes las banderas que se levantan tras la muerte de una persona, sobre largos mástiles de madera. Sirven para guiar el alma de los muertos fuera del mundo de la nada y evitar que se reencarnen en alguno de los dominios inferiores. Lo ideal es levantar un pequeño bosque de 108 banderas, pero algunos creen que cuantas más mejor.
Pero hubo una cosa que me mosqueó. El artículo hacía referencia a que en un año se habían cortado en el país 60.178 árboles para fabricar mástiles de banderas de oración. Una cifra tan exacta y tan pequeña… ¿cuantos habitantes debe tener ese pequeño país? A un centenar de banderas por difunto, me salen poco más de medio millar de fallecimientos al año.
Además ese número de árboles, delgados y no muy altos como para fabricar mástiles, puede crecer con cierta rapidez en una superficie no muy extensa. Si se tratara de nuestros pinares de repoblación, con una producción de unos 600 postes por hectárea y tardando unos 20 o 30 años en alcanzar esas dimensiones, con unas dos o tres mil hectáreas de bosque se puede lograr una producción sostenible. ¿Tal vez ni siquiera contara el país con esa superficie arbolada? Mal debían andar las cosas.
Pero algo chirriaba. Cada vez que una información mezcla unos pocos datos extraordinariamente precisos con llamadas al sentimiento, se me despierta la desconfianza. Así que intenté profundizar en esta historia. Y el resultado que he hallado es sorprendente.
Bután es un pequeño país, no solo por comparación con sus vecinas India y China-, sino también en términos absolutos. Con sus 47.000 km2 y casi 700.000 habitantes, tiene el tamaño de Aragón y los habitantes de Zaragoza. Pero no están en absoluto concentrados, pues en su capital vive poco más del 10% y todo el resto es población rural.
¿Y su paisaje? A tenor de lo negro que nos han pintado la situación de sus bosques tal vez sea una mezcla de desierto de Monegros y paisaje de alta montaña aragonés. Pues no. Según la FAO es uno de los países más arbolados del mundo. Las cifras del informe de 2009 nos indican un porcentaje de bosques del 68%. Es el noveno país del mundo por superficie arbolada (si no contamos algunas pequeñas islas tropicales). Es más que países como Suecia, Rusia o Canadá.
Teniendo en cuenta que una buena parte del país está situado por encima de los tres mil metros, en donde es difícil que crezcan los árboles, el porcentaje de superficie arbolada respecto a la superficie potencial debe ser aún más alto. La propia capital, Thimphu, a más de dos mil metros de altura, está rodeada de montañas de casi 3.500 metros… cubiertas de bosques.
Puede haber otros problemas. Tal vez el porcentaje sea alto, pero la superficie total de bosque pequeña e insuficiente para cubrir sus necesidades. Pero Buthan, como Aragón, no es tan pequeño como para no verse en el mapa. En Bután hay según la FAO 3,2 millones de hectáreas arboladas.
Está también en el noveno puesto en el ranking mundial de superficie abrolada per cápita. A cada habitante le tocan 4,9 hectáreas de bosque. En comparación a cada ruso le corresponden 5,6 hectáreas, a cada finandés 4,3 y a cada español o portugués aproximadamente 0,4 hectáreas.
Parece extraño que se preocupen tanto por esos 60.178 árbolillos talados para rezar. Tal vez sea que se trata de bosques ralos y huecos, sin muchos árboles o de pequeñas dimensiones. Echando un vistazo en el google earth se ve de todo: bosques densos y ralos. Rebuscando por internet he encontrado alguna buena foto:
Ya sé que estáis pensando que no todos los bosques deben ser así. Seguro que no. Pero también hay datos de la FAO. De media en esos bosques hay 194 metros cúbicos de madera. ¿Es esto mucho o poco? Muchísimo, ocupan el puesto 19 en el ranking mundial :
¿Será entonces que se trata de bosques inaccesibles en los que hay abundantes mástiles para plegarias pero no hay forma de extraerlos? Según las propias cifras de la FAO solamente el 40% de los bosques de Bután son explotables. Pero sigue siendo una cantidad enorme, en comparación con la disponibilidad del recurso maderero de la mayor parte de la población mundial.
Entonces es que quizás se trate de especies sin uso maderero. La siguiente es una foto de uno de los pinos típicos del Himalaya:
Se trata de una repoblación joven de pino zul (Pinus wallichiana), foto tomada… en Guipúzcoa, en donde se llegó a probar sin mucho éxito como especie comercial. En Butan hay 120.000 hectáreas. Otras especies presentes en el país son el pino chir (Pinus roxburghii) con unas cien mil hectáreas, el abeto (Abies densa) en más de trescientas mil, y millón y medio de hectáreas de diferentes tipos de frondosas y mezclas. Nada que ver con la primera imagen que me surgió al leer que unos cuantos mástiles estaban a punto de acabar con los bosques de todo un país.
Imagino que el problema debe hallarse entonces en la evolución de esos bosques. Tal vez haya muchos, pero puede que estén disminuyendo rápidamente, con esas presiones “de todas partes” que denunciaban los funcionarios forestales.
De nuevo la FAO viene en nuestra ayuda, con un informe sobre los bosques de Butan en 1999:
“El análisis de las imágenes de satélite de 1989 indican que la tendencia descendente (de 1958 a 1978) ha cambiado entre 1978 y 1989. La cubierta forestal total ha aumentado, mientras que han disminuido sustancialmente las superficies dedicadas a la agricultura estable y a los cultivos temporales. Este análisis también indica que las superficies ocupadas por bosques densos han aumentado significativamente“
Ese informe también incluye algunas informaciones sobre los recursos madereros. Para hacernos una idea podemos calcular que los 60.178 mástiles pueden cubicar unos 20.000-25.000 metros cúbicos.
“La posibilidad anual es de 1,2 millones de metros cúbicos y la cosecha prevista es de unos 450.000 metros cúbicos, sin contar la cifra de más de un millón de metros cúbicos de leñas aprovechadas por la población rural“. El informe de la misma FAO de 2009 hace subir la cifra de leñas empleadas a 4,55 millones. Según la propia Comisión Medioambiental Nacional, el consumo per cápita de los butaneses, es de los más altos del mundo, 1,92 m3. En realidad ninguna de estas cifras coincide, pero nos dan una pista de que el consumo de leñas es entre cien a doscientas veces superior al de mástiles religiosos.
¿Dónde está el problema? Hay 620 millones de metros cúbicos de madera en Bhután, de los que “solamente” son explotables 250 millones. Cada año crecen en sus bosques una cifra que puede estimarse en no menos de cinco millones de metros cúbicos. Casi todo es empleado para calentarse y cocinar, ya que el consumo de otras energías modernos está poco extendido.
En las zonas accesibles el crecimiento y el consumo deben estar bastante equilibrados, aun con una densidad de población muy baja, ya que la superficie de bosques ha ido fluctuando ligeramente estos últimos decenios.
¿Realmente el uso “religioso” de la madera, que supone menos del 1% del total, es el que pone en peligro a los abundantes bosques butaneses? Mosqueante.






Kaixo. Ayer mismo estuvimos hablando de estas noticiasque nos mosquean un poco porque no sabemos hacia donde nos quieren llevar, nos quieren asustar y culpabilizar. Un saludo y hasta pronto. Desde ayer soy un incondicional de Lucaria.