María Magdalena se ha puesto recientemente de moda con la novela y película del Código da Vinci. De otra manera, sin imprenta ni pantalla, también lo estuvo hace casi mil años, cuando se descubrió su supuesta tumba en el sur de Francia, creándose un foco de peregrinaciones que por un tiempo no le quedó muy a la zaga de Roma o Santiago.
Su papel estelar lo tuvo hace dos mil. Su reaparición posterior en la historia tiene mucho que ver no solamente con la historia de los evangelios, oficiales y apócrifos, sino con su continuación. Según unos fue a Efeso. Según otros vino a Europa y se instaló en una cueva, al pie de un acantilado cercano a Marsella. Allí es donde su presencia, real o imaginada por los fieles, dejó una huella en los bosques que todavía podemos observar.
[caption id="attachment_313" align="aligncenter" width="407" caption="Los monjes atravesando el hayedo. Foto de principios del siglo XX"]
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La presencia de personas y mitos sagrados ha sido siempre una fuerza capaz de preservar los bosques a lo largo de los siglos. El bosque situado al pie de la cueva fue respetado y [...]