Voy a iniciar una serie de artículos sobre el próximo congreso forestal español (CdQC, “cosas del quinto congreso”).
En el sitio web del Congreso se ha colgado hace poco un mapa con el origen (regional) de los inscritos. Se puede ver (y descargar) bajo el curioso título de “¿Dónde ‘reside’ la Ciencia Forestal?”.
No suele ser bueno confundir la ciencia con los científicos, ni a estos con los inscritos a un congreso científico. Pero es curioso comprobar las relaciones que hay entre conocimiento y territorio. Lo que ocurre en nuestro país es especialmente curioso.
Yo también he preparado un mapita. Sobre la distribución de espacios arbolados y desarbolados he resaltado la situación de las escuelas universitarias de ingeniería forestal:
¿Véis algo curioso? La inmensa mayoría de las escuelas se encuentran en las zonas de menos bosque de la península. He puesto también algunas capitales provinciales que están en zonas mucho más forestales, pero en las que no hay ni ha habido intención de crear escuelas.
Aun hay algo más curioso. La mayor parte de las escuelas situadas cerca o en el interior de macizos forestales (Soria y Mieres son los casos más claros), son de las abiertas más recientemente, como si ya no quedaran espacios poco forestales para crearlas lejos del bosque. Comunidades con gran tradición forestal como el País Vasco, Navarra, Cantabria o Aragón son algunas de las que no cuentan con escuela alguna.
Está claro que hay algunas escuelas que sí están en zonas bastante arboladas, por ejemplo Lugo en Galicia. Pero es sorprendente que incluso en las regiones más forestales se repite la misma tendencia: las escuelas se instalan en las zonas relativamente menos arboladas de su entorno.
Lo mismo se repite en Cataluña, en donde Lleida es posiblemente la población de tamaño grande más alejada de cualquier masa forestal respetable. Lo mismo sucede con Albacete en Castilla-La Mancha o Palencia en Castilla y León.
¿Qué lógica está detrás de esta situación, a mi entender bastante anómala? La combinación de autonomía universitaria y de intereses corporativos. Muchas escuelas forestales no se han creado para responder a una demanda del sector, sino para dar continuidad al trabajo de equipos universitarios en crisis.
La situación alejada de los bosques no es casualidad. Se corresponde con espacios de cultivo agrario. Las escuelas forestales que allí se encuentran son viejas escuelas agrarias transformadas deprisa y corriendo por la crisis del sector.
Todavía no han acabado de consolidarse muchas de las escuelas agrarias reconvertidas, cuando se anuncia una nueva y más profunda transformación. Ahora más inquietante, porque no se trata de recrear un modelo ya existente (las escuelas y títulos forestales), sino de producir algo nuevo, cuyos perfiles apenas somos capaces de vislumbrar. Pero desgraciadamente las universidades españolas suelen tener muchas dificultades en sus idilios con la innovación.
Yo el futuro lo sigo viendo del color del mar de los mapas que he preparado: negro.






Es original el planteamiento y sólido el argumento de que la presencia de escuelas forestales está más relacionada con anteriores escuelas de agrónomos o agrícolas que a la presencia de bosque, pero algunos no terminamos de ver el efecto de eso, por después, el artículo pega un salto enorme y se pasa a la opinión de que el el futuro es negro. ¿Es que la ubicación de las escuelas en zonas de mayor superficie arbolada supondría un futuro mejor?¿para quién?¿para qué?
Gracias Rubén por tu comentario.
Tienes razón en que la cercanía a las zonas más forestales no significa una mejora automática de la calidad de las escuelas. Pero por el contrario la lejanía dificulta muchísimo lograr esa calidad (dificultad para hacer prácticas y para hacer visitas al terreno, pero también escasa relación con el sector forestal que, evidentemente, se concentra en las zonas más arboladas…). Teniendo en cuenta que las escuelas suelen reclutar sus alumnos en sus caladeros más próximos, suele ocurrir que potenciales forestales de las regiones más arboladas prefieren elegir otras carreras antes que desplazarse cientos de kilómetros para estudiar…).
Si veo el futuro negro no es por cuestión de distancias, sino por el hecho de que los intereses corporativos siguen pesando como una losa. Y tener losas tan pesadas no es el mejor equipaje para adaptarse a un mundo tan cambiante.