Datos y reflexiones sobre los incendios australianos

Acabo de recibir los primeros comentarios a mi anterior artículo sobre los incendios de Australia. Agradezco el interés y las aportaciones que hacen. Me han despertado las ganas en conocer un poco más y en reflexionar sobre esas experiencias. Creo que hay tema suficiente para una nueva entrada, así que ahí va.

foto05

Estoy plenamente de acuerdo en que no se puede trasladar un caso de las antípodas a nuestro país. Todas las situaciones son diferentes. La de nuestro mundo forestal destaca por tener una visión poco proporcionada de la realidad forestal global y, como consecuencia, por su poca disposición para aprender de lo que pasa en otras tierras y épocas.  Aunque casi nunca es aconsejable copiar a ciegas siempre se puede sacar partido de las actitudes y experiencias de otros.

Cuando escribía este artículo me quedé sorprendido de la política más o menos oficial de abandonar rápidamente las inmediaciones de los fuegos o de quedarse a proteger las propias viviendas. Esa decisión se deja al arbitrio de cada cual (“Leave or Stay?. It’s your decision“), al menos en algunos estados.

En resumen las leyes (Emergency Management Act y Country Fire Authority Act)  vienen a permitir que los residentes puedan quedarse en sus casas en caso de incendio, si tienen intereses financieros en ellas (propietarios, inquilinos…). Pero si se alejan, la policía les puede impedir el regreso. La autoridad recomienda dejar los domicilios lo antes posible, ya que una evacuación tardía puede ser mortal. Es interesante  leer estos consejos. Aunque sean por lo general poco aplicables en nuestras latitudes y montes, parece que ha estimulado una posición muya ctiva por parte de los residentes, que contrasta con lo que solemos ver en nuestros informativos: quejas sin fin de que el estado no protege suficientemente y actitudes individuales heroicas, casi suicidas, sin preparación alguna para defender sus casas de las llamas.

Esta cuestión se hace cada vez más viva en nuestro país, por la proliferación de urbanizaciones y de bosques. Las únicas respuestas suelen ser las medidas preventivas (absolutamente necesario) y el incremento de medios profesionales. Pero cuando llega la hora de la verdad  y muchos ven como se queman delante de sus ojos los hogares que para muchos son la inversión, financiera y sentimental, de toda una vida, las escenas de desesperación entre cordones policiales llenan las teles. ¿No será bueno estudiar cómo han afrontado esto otros países que llevan lidiando con este problema más tiempo que nosotros?

Parece que una política como la australiana encaja mejor con la mentalidad de pioneros, individuos libres, más que con las de nuestras elaboradas y complejas instituciones sociales, dónde todo parece que debe estar reglamentado y estipulado, y controlado por personas de cualificación especial. Posiblemente esa actitud va unida al hecho de que en Australia (con 20 millones de habitantes) había (en 1978, no he encontrado datos posteriores) 300.000 voluntarios encuadrados en brigadas antiincendios, coordinados, equipados y entrenados por profesionales.  Parece que la actitud australiana no había funcionado mal de todo, hasta que ha llegado una catástrofe. ¿Dónde estará la medida más apropiada?

foto04

Por otra parte también puede servir de buena experiencia el hecho de que, aun con enmiendas “rejuvenecedoras”, la ley de emergencias está vigente desde 1986 y la de la administración antiincendios desde 1958.  

Probablemente hay algo que psicológicamente nos quema. A tenor de las informaciones que recibimos, la mayor parte de la gente tiene la idea de que lo que pasa en nuestro país con los fuegos es algo extraordinario. Solamente en países próximos, Portugal o Grecia por ejemplo, parece que hay un problema crónico como en el nuestro. Cuando se nos habla de los incendios de otros países parece que son simple consecuencia del cambio climático. Por este muchos tienden a pensar que este es un problema de nuestro tiempo, que no existía en el pasado. Nos gusta también pensar, como consecuencia de ese conocimiento tan parcial de la geografía e historia de los fuegos, que en España somos punteros en prevención y lucha contra los incendios. La realidad es muy otra.

En el anterior artículo traía a colación las cifras de fuegos en Australia. Arden de una manera u otra casi 5.000.000 de ha, el 0,65% del país. En España son solamente unas 150.000 ha de media, el 0,30% del territorio (pero ojo, aquí se trata únicamente de tierras forestales). No es fácil tener una idea global de la importancia de estas cifras. Aunque espero detallarlo más en un futuro artículo, según algunos datos de satélites, la superficie quemada (no solamente forestal), llega a ser algunos años el 0,7% de un país tan poco conocido por sus incendios como Rusia, o el 2,3% (sí 2,3%, 350 millones de hectáreas) de las tierras a escala planetaria.

Esta última oleada de incendios, ha sido especialmente costosa en vidas,  pero tiene precedentes muy graves. En épocas en las que los incendios nos e consideraban en España un problema, eran tema de atención muy importante en aquel país.

El que se consideraba principal incendio, o serie de incendios, hasta ahora, fue el del verano austral de 1938-39. A mediados de ese enero, 40 años antes de que a nadie se hablara del “calentamiento global”,  las temperaturas rondaron varios días los 45 grados.

En el recuerdo popular cada uno de esos incendios ha quedado con un nombre: el de 1939 fue el “viernes negro” (71 muertos). Pero hubo otros días sombríos, el “jueves negro” corresponde a los fuegos de 1851, también cerca de Melbourne.  Los grandes incendios de 1967 en Tasmania dieron lugar al “martes negro” (62 muertos).  En 1983, en una época en la que ya eran un grave problema en nuestra tierra, la jornada trágica cayó el 16 de febrero, lo que permitió un pequeño y macabro juego de palabras: “miércoles de ceniza” (75 muertos). No fueron los únicos. Hubo grandes pérdidas humanas en 1926 (60 fallecidos), 1944 (51).

En cuanto a la superficie quemada, las cifras impresionan. En un solo día, el del “miércoles de ceniza” de 1983, ardieron más de 200.000 hectáreas. El 1 de febrero de 1898 se denómino el “martes rojo”; se quemaron ese día y los siguientes 260.000 hectáreas.  Se ha calculado, creo que con un poco de exageración, que en los incendios de Tasmania del 67 ardieron 260.000 hectáreas en cinco horas, en una zona de clima relativamente húmedo en la que los incendios son bastante raros. Pero récord parace tenerlo el verano del 39 cuando en el solo estado de Victoria los incendios recorrieron más de 1,5 millones de hectáreas.

Con esta historia podemos comprender que la reacción de las autoridades y de la sociedad australiana lleve 30 o 40 años de ventaja. La aprobación de la legislación en 1958 lo explica. ¿Tenemos en España algo parecido?

Nuestra típica reacción (más mano dura, más represión del incendiario, incluso del involuntario), hunde sus raíces en el estilo predominante del poder a lo largo de nuestra historia. A veces no queremos aprender de los vecinos (aunque sean vecinos de antípodas), pero queremos enseñarles. En el castigadísimo estado de Victoria las estadísticas nos muestran que el 26% de los incendios están causados por rayos. Pero suelen ser los más graves, ya que queman constituyen el 46% de la superficie quemada.

Superficie quemada en Victoria según las causas del incendio

Superficie quemada en Victoria según las causas del incendio (fuente: Department of Sustainability and Environment, Government of Victoria

Hay otras cosas de las que también podemos aprender. Por ejemplo, echando un vistazo a la web del Country Fire Authority del estado de Victoria, el más afectado por estos fuegos, se puede ver minuto a minuto, la lista de incidentes con su localización y tipo.

Más difícil puede ser lograr el sistema de voluntariado. Aunque hay casos semejantes más próximos, no parece que este sistema encaje en nuestra sociedad, al menos en este momento, si tenemos en cuenta la evolución de las actitudes y opiniones sobre la distribución de las responsabilidades propias y las del estado.

Leave a Reply

 

 

 

You can use these HTML tags

<a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>

Please leave these two fields as-is:

Protected by Invisible Defender. Showed 403 to 51 bad guys.