Este es un comentario a una típica noticia, en la que una buena causa parece justificar la falta de rigor. En mi opinión la exageración o la deformación de la realidad no aporta nada de justicia a las causas, sino que las impregna de sospecha de intereses ocultos, generalmente en relación con el reparto del poder en la sociedad.
Apareció el pasado día 17 en El Norte de Segovia, con titular espectacular: “El escarabajo más grande del mundo, el ciervo volador, desaparece de Sanabria”.
En el cuerpo de la noticia se incorporaban las declaraciones de un profesor de la Universidad de Salamanca, que “en un periodo de cinco años, el ciervo volador ha desaparecido prácticamente del Parque Natural de Sanabria, sobre todo, a raíz de la destrucción de los bosques maduros de la zona“. Hacía referencia a que los incendios impedían el desarrollo de las larvas, que maduran durante 4 o 5 años, “porque los bosques se queman antes de que eclosionen”. Decía que “en los dos últimos años no se ha avistado ningún ejemplar de Lucanus cervus en la zona“.
El ciervo volante ha sido uno de mis “bichos” forestales preferidos, hasta que “descubrí” las hormigas. Es un insecto grande y llamativo, al menos para lo que estamos acostumbrados en Europa. Y no me refiero solamente al macho con sus exageradas pinzas, sino también a las gruesas y largas larvas, de tamaño aún mayor que el insecto volador.
Aunque se trata de frases entrecomilladas, es decir de transcripción literal de las declaraciones, me he acostumbrado a no fiarme de lo que sale de las cocinas periodísticas. Desconozco el contexto o la realidad de las declaraciones. Pero quisiera hacer varios comentarios críticos a lo que está escrito. Uno de ellos va dirigido al periodista. Los demás a las frases entrecomilladas.
En el texto se dice que se trata del escarabajo de mayor tamaño de Europa. ¿Porqué decir entonces en el titular que es el más grande del mundo? ¿Una errata? Difícil de explicar si no está provocada por el impulso de darle más trascendencia a la noticia, aún a costa de la verdad.
Quien lea solamente el titular se llevará la impresión de que un insecto excepcional, el mayor del mundo, habitaba en Sanabria y que se acaba de extinguir. Y quien lea toda la noticia probablemente estará ya influido por esa impresión.
“Escarabajo” es una palabra poco precisa desde el punto de vista de la ciencia, aunque es comprensible que sea la que se utilice en la prensa. Las mismas clasificaciones no se ponen de acuerdo: aunque hay una superfamilia llamada “Scarabaeoidea”, en la que generalmente los taxónomos incluyen al ciervo volante (otros lo hacen en la “Lucanoidea”), dentro de él hay bichitos que no suelen tener la forma característica de los escarabajos. Por el contrario hay otros grupos de coleópteros de otras superfamilias con apariencia más próxima al escarabajo clásico, como el Hydrous piceus.
Cuando hay tantos grupos y familias, ser el más grande de algo no es cosa excepcional. Además las formas de los insectos son muy variadas y tienen muchas dimensiones a medir: desde los extremos de las alas, de los élitros, contando o no las pinzas, las antenas, el grosor, volumen, peso, el tamaño de las larvas o de los adultos… En el libro guinness de los insectos hay sitio para muchos récords y no todos le corresponden al ciervo volante.
Es verdad que el ciervo volante, el Lucanus cervus, se considera el escarabeido europeo de mayor tamaño. Difícilmente lo puede ser del mundo, en cuyo ranking compite con el escarabajo Goliat ( aquí puedes ver sus fotos), de más de 8 cm y con larvas de hasta 100 gramos (larvas de ración podríamos llamarlas). De esa superfamilia hay unas 250 especies en el centro y norte de Europa (283 en Francia), mientras que en el mundo son más de 21.000.
Pero se trata únicamente del macho, que cuenta con una desproporcionada cornamenta, que le hace ser como un 60-70% más largo, llegando a los 7-8 centímetros, mientras que la hembra se queda en 4-5. De este último tamaño o mayores hay unos cuantos coleópteros europeos, unas 8.000 especies, en donde tiene más disputado el récord. Algunos son muy conocidos como el capricornio (Cerambyx cerdo), otro espectacular insecto d enuestros bosques, que puede superar los 5 cm, sin contar las antenas, que lo hacen mayor que el ciervo volante. Podemos encontrar otros grandes cerambícidos, de menor cuerpo, 2-3 cm., pero con unas larguísimas antenas, como el Monochamus sartor que le dan un puesto entre los grandes, pues pueden llegar hasta los 10 cm.
También en torno alcanza los 5 cm. de largo, pero mayor grosor y quizás volumen el citado Hydrous piceus, que a diferencia de los otros, que viven en los bosques, es un “escarabajo” marino del Báltico y el mar del Norte. Una vez me encontré con él en una playa de Estonia, mojado y agitado por el mar, y como buen samaritano desconocedor de la naturaleza, me empeñé en sacarlo del agua y llevarlo hacia un cercano pinar, pero él, erre que erre, volvía hacía las olas. Como ya he repetido en otros artículso de este blog, y aún lo haré muchas más veces, las buenas intenciones no significan buenos resultados.
He juntado y ajustado sus imágenes, para hacernos una idea aproximada de sus tamaños:
Pero ¿a quién le importa el tamaño de los escarabajos? Solamente a tres grupos: a sus presas, a sus predadores y a los humanos. A aquellos por motivos obvios de supervivencia. A estos últimos por la curiosidad y el interés que le despiertan las cosas raras y singulares. Por eso el ciervo volante se ha hecho un hueco en los titulares. Pero ¿tiene igual importancia en los bosques?
La verdad es que no lo sé. Tampoco sé por qué razón siempre a estas especies que despiertan nuestra curiosidad se les suele otorgar sin mucha discusión el papel de “indicadores” de algo, generalmente del buen estado de algún ecosistema. Al ciervo volante se le relaciona con la existencia de bosques maduros. Si estos desaparecen, aquel también lo hará, es el mensaje subliminal del artículo.
A mi entender esto no es así. El ciervo volante, como el capricornio y otros insectos cuyas larvas horadan gruesos árboles viejos o debilitados tienen un hábitat muy claro: el de los árboles viejos y debilitados, ni más, ni menos. Claro que estos se pueden encontrar en los bosques maduros… pero también en otras muchas partes. De hecho la mayor parte de los gruesos árboles de nuestro país no se hallan en bosques cerrados, sino en dehesas, linderos y jardines.
Recuerdo haber visto una hembra de ciervo volante volar al anochecer por delante de la ventana de mi casa, en un pueblo, a cientos de metros de un bosque maduro, pero al lado de plantaciones y jardines. O un espectacular capricornio adulto subiendo por un grueso árbol situado en medio del parking de un área de servicio en una autopista en Croacia.
No sé cual puede ser la razón por la que no se han localizado desde hace años en torno a Sanabria. Por sus características se suele tratar de poblaciones con pocos individuos. Son especies raras, que solamente se dejan ver en cortos periodos. De sus cuatro o cinco años de vida solamente pasa tres o cuatro semanas fuera del árbol, volando en busca de pareja y para la puesta de los huevos. Si uno lo busca fuera de ese corto periodo de tiempo es muy improbable que lo vea.
La hipótesis de que hayan sido dañados por incendios me parece poco probable. Posiblemente haya pocos sitios más protegidos dentro de un bosque en llamas que las galerías de estas gruesas larvas, que se introducen profundamente en el tronco. No olvidemos que la madera es un buen aislante del calor. De todas formas el fuego es un elemento más en la historia de los bosques, por lo que es normal que un “bosque maduro” los haya sufrido, incluso sin participación humana. Precisamente el fuego, al debilitar o matar árboles, actúa creando condiciones para la instalación de estos coleópteros.
El número de ciervos volantes parece que se está reduciendo en otras muchas partes de Europa. Las causas pueden ser muchas, y en no pocas ocasiones se trata de razones ligadas a medios muy humanizados, como la eliminación de madera muerta en parques y jardines, los accidentes de tráfico, o la predación por gatos o cuervos, lo que muestra que no se trata tanto de un habitante de los viejos bosques, como de los viejos árboles.
En la mitad norte de España es relativamente abundante, aunque poco estudiada. Es verdad que de las aproximadamente 600 localidades en donde hay referencias de su presencia, solamente una se encuentra en Zamora (65 en toda Castilla y León). Aunque protegida, el Ministerio de Medio Ambiente considera que en la mayor parte de su distribución su situación es de “menor riesgo” (LR).
Teniendo en cuenta todo esto no acabo de entender las referencias del artículo a los bosques maduros. ¿Había este tipo de bosques en Sanabria hace cinco años, cuando había ciervos volantes? ¿Han desaparecido en este corto plazo? Salvo una destrucción sistemática, incluyendo un laboreo del suelo, los bosques maduros no desaparecen tan fácilmente… si realmente son maduros. Una de las principales características de este tipo de bosques es precisamente su capacidad de superar las alteraciones y catástrofes. En un proceso de pérdida paulatina, en la que los grandes árboles vayan muriendo, las condiciones para el desarrollo de los ciervos volantes se incrementan.
¿Cuantos grandes árboles debilitados o moribundos se han cortado en el entorno de Sanabria en el último quinquenio? ¿Tantos como para amenazar a las poblaciones locales de ciervo volante? Sin una respuesta a esta preguntas, las referencias genéricas a la destrucción de los bosques y sus consecuencias en la reducción de la biodiversidad, no dejan de ser referencias genéricas y no por mucho que se adornen de titulares periodísticamente demagógicos se convierten en informaciones precisas para atajar problemas.
La propia ficha del ciervo volante como especie protegida, elaborada por el Ministerio de Medio Ambiente, dice que “no parece existir una dependencia estrecha de bosques maduros o viejos, al margen de la presencia de suficiente madera en el estado requerido de descomposición”.
Pero a menudo se confunde a los bosques maduros con la simple presencia de árboles viejos y madera muerta. Pero estos los hay en paisajes agrarios más o menos abandonados. Estos escarabajos tan grandes e interesantes no dependen de la existencia de complejos suelos forestales -el elemento más costoso de lograr en la evolución del bosque y garantía para su supervivencia-, pues les basta con un grueso tronco debilitado.
Aunque se pueda achacar el retroceso de esta especie a la eliminación de la madera muerta, muy probablemente nunca antes había habido tanta madera muerta en los bosques. En las épocas de hambre de leñas la gente buscaba hasta la última rama capaz de arder. Pero sí es cierto que incluso en esa época se respetaban los grandes árboles que tenían otras funciones, como proporcionar bellotas, castañas o brotes (robles, hayas, fresnos, sauces… trasmochos). Al desaparecer esta función a lo largo de los últimos decenios muchos han sido eliminados. ¡Pero se trataba de cultivos, no de bosques maduros!
nota: los dibujos e informaciones clave las he extraído de la excelente guía “Káfer Mittel- und Nordwesterneuropas” de Jiří Zahradník, publicada por Parey en 1985.




