España, el segundo país más boscoso de Europa… y nadie lo desmiente

La agencia EFE lanzó esta noticia hace unas semanas. Algún periodista, preocupado por buscar un titular se topó con una nota de prensa de EUROSTAT, la oficina de estadística comunitaria, en la que había un listado de países con sus superficies forestales. Y ahí encontró lo que quería: unas palabras para alimentar gratis el orgullo patrio.


Según la nota de EFE España cuenta con 28 millones de hectáreas de bosques, el 57% de su territorio, mientras que Portugal tiene el 42% y Francia solo un 31%.

28millones1

Bueno, una de cada seis hectáreas de bosque europeo están según parece en nuestro país. Los que viajan más allá de los Pirineos, los que conocen el sector forestal europeo parecen tener los ojos cerrados ya que nunca lo hubieran imaginado. Nuestros páramos y nuestras desnudas cordilleras no tienen nada que envidiar de la taigá nórdica o de los inmensos bosques balcánicos.

 

Puede parecer ridículo y lo es. Cualquier periodista con un poco de conocimiento de su entorno hubiera debido extrañarse un poco y seguramente hubiera contrastado la noticia. Lo que las estadísticas consideran tierras forestales incluyen tanto bosques como espacios sin un solo árbol. En realidad incluyen todo lo que no está urbanizado o cultivado.

 

Fenómenos de estos, en que se mezclan muy eficazmente un periodismo de baja calidad con un extremado deseo de autobombo, pasan todos los días. A mí no me extrañan; muestran un bajo nivel cultural, que no se eleva de la noche a la mañana. Pero lo sorprendente es lo que pasó después.

 

Medios próximos al sector forestal, que no tienen la disculpa de no conocer las cifras verdaderas, han rebotado una y otra vez la noticia.

 

Primero fue la web de agroinformacion.com, luego la de INDFORMA, la de ASEMFO y por último la misma revista Montes (95). Todos la han incluido sin ninguna referencia crítica, sin ninguna aclaración. Tal vez alguno considere que su deber de periodista es el de transmitir la noticia y no el de modificarla. Pero en este caso la noticia era la importancia de los bosques, y no las notas de prensa y los titulares falsamente deducidos. Estos no son noticias, sino vehículos para su transmisión. Cuando el medio da una imagen falsa de la realidad y el periodista es consciente de ello comete una grave falta hacia sus clientes si no la corrige.

 

Pero aun me preocupa una cosa más. Esta falta de sentido crítico, de inhibición en el momento de corregir una noticia falsa que nos afecta, ¿se hubiera producido si la noticia hubiera dado una mala imagen de “los forestales”? Conociendo bastante el percal creo que no; a la menor insinuación de que los forestales hubieran hecho algo mal en su larga historia, seguro que se hubieran levantado no pocas cartas y comentarios.

 

La demagogia siempre es mala aliada. Escudarse en un espejismo estadístico, con la vana esperanza de que así la sociedad comprenda mejor la importancia del mundo forestal es alimentar la misma vanidad que la de los nobles rusos que por razones de rpestigio compraban inexistentes “almas muertas”. Es también uno de los caminos más rápidos al desengaño y la decepción.

 

¿Tantas vueltas por un descuidado titular cocinado en una agencia de noticias? No, sino porque al repetirlo y rebotarlo acríticamente las webs y revistas forestales más importantes de nuestro país le han dado una credibilidad que no tenía.

 

¿Es acaso un problema que no seamos uno de los países más boscosos de Europa? En realidad no importa nada en absoluto. No dejamos de ser uno de los países de la UE con mayor territorio; tener más hectáreas de bosque que Estonia o Luxemburgo solo puede ser orgullo de imbéciles. Pero es que si se trata de hectáreas forestales, o de “monte” es muy fácil lograr batir récords, pues pueden crecer muy fácilmente: basta con que el número de tierras abandonadas por la agricultura superen a las que son urbanizadas. Y por muchas urbanizaciones, polígonos y autovías que se construyan, tenemos una gran capacidad de aumentar las “tierras forestales” porque hay muchos campos marginales que pueden ser abandonados en cualquier momento por la agricultura o la ganadería.

 

Además hay una pequeña trampa. Nosotros consideramos montes, o tierras forestales, a espacios que cuentan con una importante ganadería, hasta el punto de que algunos son casi cuadras arboladas, algo que no ocurre en prácticamente ningún país europeo. Muchos de esos casos “híbridos” engordan fácilmente nuestras estadísticas.

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