En su comunicado habitual WWF-España nos alerta de que “España necesita plantar 2.000 millones de árboles para salvar sus bosques”. La razón: “los bosques españoles están muy degradados. (…) Una situación que, añadida al actual contexto de calentamiento global, nos impide dibujar un escenario optimista para el futuro de los bosques” (aquí puedes descargar el informe completo).
En este post quiero mostrar que el pesimismo de WWF no tiene razones fundadas. Que los datos, obtenidos con mediciones costosas y complejas, muestran más bien todo lo contrario, y no sustentan sus opiniones. En fin, que se están comportando respecto a los bosques de manera parecida a como se está manejando la información de la gripe A, de manera infundadamente alarmista.
Creo que una de las primeras cosas que aprende los que intervienen en la palestra pública es que hay muchas informaciones que compiten por el interés de la sociedad. Las que presentan, real o artificiosamente, un cariz que raye la tragedia, tienen más posibilidades de ser escuchadas. Para una organización que depende de la aceptación pública, y de los fondos que logre cosechar de la gente y de las instituciones, la tentación de exagerar y deformar la realidad, e incluso de mentir descaradamente, es muy grande. Pero, en mi opinión, es inmoral. Y cortoplacista: el desprestigio que están incubando se tiende a combatir por medio de la creación de más miedo y alarma. Entonces se crea una burbuja informativa, que antes o después acabará por estallar.
Empecemos con unas imágenes de un pueblo de Girona, tomada de esta web del ministerio de los tres medios en la que es posible encontrar otras más. Es una realidad que se repite en muchas zonas de nuestro país y que los datos (inventarios, estudios de paisaje…) confirman continuamente:
Y ahora pasemos a las cifras y letras. Muchas de las proporcionadas por este estudio no se sostienen.
En un artículo escrito en 2009 no se puede decir que:
- “Los bosques ocupan en España una superficie de unos 13,1 millones de hectáreas, algo menos del 26% del territorio nacional”, cuando los datos del último Inventario Forestal Nacional dan una superficie de 14,8 millones de hectáreas arboladas, sin contar en ellas las 2,1 millones de hectáreas de dehesas y otros 2,2 millones de terrenos con arbolado, ralo y disperso.
- Que “aproximadamente la mitad de la superficie forestal española (unos 26 millones de hectáreas) está desarbolada“, puesto que según las cifras anteriores, las más recientes de que se dispone, solamente se pueden considerar como desarboladas 9,3 de los 27,5 millones de hectáreas de uso forestal, es decir no la mitad sino solamente un 34%.
- Que “Los incendios forestales afectan cada año a una media de 120.000 hectáreas, aproximadamente la mitad de las cuales son arboladas“, cuando la media oficial de los últimos diez años (1999-2008) habla de solamente 82.500 hectáreas afectadas anualmente de las que solamente 39.800 estaban arboladas, sin considerar que en parte de ellas el fuego es un elemento común y normal de los ecosistemas
- Que “tras numerosos siglos de transformación de la naturaleza y explotación de sus recursos, los bosques españoles han sufrido una reducción en su capacidad de regeneración natural”, cuando más de la mitad de la expansión de los bosques en el último medio siglo (10 millones de hectáreas) se deben precisamente a la regeneración natural del escaso bosque existente a principios del siglo XX. Si doblar la superficie en cincuenta años a partir de una situación muy difícil es muestra de la reducción de la capacidad de regeneración natural…
- Que “Los carrascales, las carballeiras y los robledales ibéricos (…) se encuentran casi en extinción si comparamos su extensión actual con su potencialidad.” Cuando comparando en su comparación de inventarios el ministerio afirma que “Las frondosas autóctonas (robles, castaño, haya, quejigos, etc.) han crecido considerablemente tanto en superficie como en biomasa”. No dispongo de datos generales, pero los de Castilla y León pueden servir de referencia: entre 1970 y 2002 la superficie ocupada por la carrasca ha aumentado un 76%, la del quejigo un 108%, la del rebollo un 85%, el castaño un 200%, el haya un 46%. (fuente: “Castilla y León crece con el bosque”, 2005)
Los colegas de WWF parecen estar instalados todavía en el pasado. Hasta hace un siglo los bosques retrocedían en España por doquier. El abandono de su uso como fuentes de biomasa energética y la introducción, primero del carbón y luego del petróleo, y la aparición de las técnicas agrarias modernas, más intensivas, permitió liberar a millones de hectáreas de una presión insostenible.
Desde hace un siglo los bosques no hacen más que crecer, al principio tímidamente, casi solo a fuerza de repoblaciones. Más tarde aumentaron las repoblaciones y se empezó además a notar la expansión natural de los bosques. Ahora, aunque las plantaciones artificiales han empezado ha reducirse algo, el crecimiento del bosque es espectacular.
A veces se escuchan críticas a los datos de los inventarios forestales. Es verdad que por razones técnicas no es fácil compararlos y que, además, se consideran como zonas arboladas zonas no muy densas. Aun con esas precisiones, las cifras son contundentes. El cambio en el paisaje es espectacular si se ve cualquier foto un poco antigua. Pero la principal razón de la crítica parece hallarse en que los datos de la realidad no confirman la visión que algunos ecologistas se han hecho. Parece como si no hubiera suficientes razones para cuidar los bosques y mejorar su estado, y que solamente podemos lograr esos fines asustando indebidamente a la gente.
Durante más de un siglo la letanía forestal ha sido: hay que plantar árboles, muchos árboles. Buena parte de la formación, la actividad y la propaganda se realizaban en torno a eso. Pero ahora la naturaleza planta más, mejor y más barato por su propia cuenta. Ya es hora de cambiar las prioridades.
Es cierto que hay lugares en donde todavía seguirá siendo necesario por mucho tiempo realizar repoblaciones: en zonas muy degradadas en donde la recuperación natural es demasiado lenta, en sitios en donde no hay árboles capaces de proporcionar semillas o en lugares de potencial productor de leñas y maderas en donde la naturaleza no parece que los va a proporcionar con un tempo adecuado. En el resto el esfuerzo repoblador debería reducirse al mínimo, para ayudar a recuperar diversidad, afavoreciendo a especies muy poco representadas, o a crear pequeños bosquetes que aceleren un poco la recuperación natural.
Pero creo que buena parte de esos 4.000 millones de euros (200 millones al año) que pide WWF para repoblar, pueden tener mejor efecto en otras inversiones en los montes y paisajes naturales. Espero que estas cifras les convenzan:
La tesis principal de WWF es que los montes han perdido capacidad de regeneración natural y que por eso hay que hacer un gran esfuerzo para “elevar la cobertura arbórea en España del actual 29% a un todavía escaso 36%”.
Hay algo incoherente en estas cifras. En el resto del informe WWF repite que solamente hay 13,1 millones de hectáreas. Pero eso supone solamente un 26%, como dicen al principio. El 29% es la cifra mágica que se corresponde con los 14,8 millones que dan los últimos resultados oficiales. De donde parece deducirse que los redactores lo conocían, pero han preferido cuando les convenía utilizar una cifra más baja.
Para ayudar a una naturaleza impotente de regenerarse sola proponen plantar 130.000 hectáreas anuales a lo largo de 20 años. Pero también según las cifras oficiales en diez años la superficie arbolada ha crecido 4,9 millones de hectáreas, es decir 490.000 anuales, casi cuatro veces más de lo que propugna WWF como cuestión de vida o muerte.
Según las estadísticas oficiales en un periodo de 10 años (1992-2001, aproximadamente el periodo entre inventarios forestales) se han hecho una media de unas 130.000 hectáreas de nuevas repoblaciones, la misma que propone WWF como una campaña excepcional.
Han quedado por tanto a cargo de la gratuita y eficaz labor de la naturaleza unas 360.000 hectáreas anuales, casi tres veces más de lo que insiste WWF como necesario para “salvar nuestros bosques”.

Vidángoz en 2008. Sin repoblaciones, los pinos silvestres, abetos, hayas y robles, han invadido el paisaje
Si los técnicos de WWF confiaran en la propia fuerza de la naturaleza podrían concluir que para lograr sus objetivos globales no hace falta plantar ni uno solo de esos 2.600.000.000 de árboles. Simplemente con que la naturaleza siguiera al ritmo actual no haría falta una dura labor de 20 años, sino simplemente sentarse a obervar como la naturaleza lo hace solita y en solo 7 añitos. Pero ¿lograrían en ese caso apoyos y donaciones?
Claro que hace falta repoblar. Pero menos, más selectivamente y en los lugares en donde sea realmente imprescindible. Posiblemente la superficie en la que intervenir será bastante pequeña, pero los trabajos deben hacerse con una calidad mucho mayor. La tarea central de gestión de los bosques ya no es la de repoblar, sino la de guiar su evolución, aumentar su complejidad y racionalizar sus aprovechamientos. El principal riesgo para su futuro se encuentra en la extraña relación, un tanto enfermiza, que se está creando entre la sociedad actual y sus montes.



