Estos días ha saltado a la prensa común una noticia que dice que “un equipo internacional, con participación de investigadores del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), ha medido los cambios actuales en el régimen de incendios forestales en la cuenca del Mediterráneo y ha constatado que el aumento en la frecuencia del fuego podría estar minando la resistencia de sus ecosistemas.”
Es deber de los investigadores divulgar los resultados de sus estudios; de los periodistas el difundirlos al público en forma de noticias. Una función social de los blogueros es comentarlas con ánimo crítico. Allá voy.
A tenor de lo que dice la frase, proveniente al parecer del comunicado que han hecho público los propios investigadores, parece tratarse de un importante estudio, pues
- se ha medido los cambios actuales en el régimen de incendios en la cuenca del Mediterráneo
- se ha constatado la pérdida de resistencia de sus ecosistemas (al menos aquí el condicional suaviza un poco la afirmación).
Alguno ha sacado una conclusión fácil: “los incendios amenazan el ecosistema mediterráneo“. La razón: si los fuegos se repiten más o menos a menudo cambia la composición de especies de hongos ectomicorrícicos, esos que están asociados a las raíces de las plantas.
Debiera parecer obvio. Si tras un incendio cambia, al menos por un tiempo, la composición de la flora, es lógico que lo haga la de los hongos asociados a ella. Es bueno que se estudie con detalle, en la medida que haya fondos para investigar tantas cosas que hay que investigar, cómo afectan los fuegos a esos hongos, porque en verdad son muy importantes para el mantenimiento de los ecosistemas. Pero no me parece muy lícito aprovechar la ocasión para gritar por enésima vez “que viene el lobo”, simplemente para tener más posibilidades de salir en la prensa, ser alabados por el trabajo hecho e intentar recibir más fondos.
Uno imagina que un estudio que llega a esas conclusiones tan llamativas (¡la estabilidad de los bosques mediterráneos en peligro!) abarca grandes extensiones y muchos aspectos, tras determinar el grado en que se ha incrementado la frecuencia del fuego en los últimos años.
Pero la realidad es mucho más prosaica. Basta con leer el artículo original que ha generado la noticia para comprobarlo. Yo no lo he hecho porque es un artículo de pago (31,50 dólares por nueve páginas). Aunque evidentemente está hecho por miembros de instituciones públicas, sostenidas con fondos públicos, no se pone gratuitamente a disposición del público, algo que sería moralmente exigible si las conclusiones que nos transmiten son tan alarmantes. Pero al menos he leído el resumen elaborado por los propios autores.
En primer lugar no hay ninguna referencia a que se halla “medido los cambios actuales en el régimen de incendios en la cuenca del Mediterráneo”. Supongo que los autores, probablemente no especialistas en las estadísticas de incendios forestales, hayan dado por buena la impresión que se ha creado en el gran público de que cada vez hay más incendios, más graves y más repetidos. Algo que no es verdad en la mayor parte del mundo mediterráneo.
En segundo lugar no parece que se haya tenido en cuenta que la mayor parte de los bosques mediterráneos (en realidad la inmensa mayoría) son nuevos bosques, recuperados en los últimos 100-150 años como mucho. La cuestión de la recurrencia de incendios es evidentemente diferente en ecosistemas que llevan evolucionando con continuidad siglos o milenios que en aquellos que han surgido hace poco. Las referencias a la “resistencia de los ecosistemas mediterráneos” es un guiño a los pocos lugares en donde ha habido continuidad en los bosques, pero la realidad del problema global es muy otra.
Si cada vez hay más bosques en el medio mediterráneo europeo, son más densos y variados… como lo vienen mostrando los sucesivos inventarios nacionales, el problema de los efectos que puedan tener algunas variaciones de las poblaciones de hongos tras los fuegos, no parece ser tan determinante como quiere dar a entender la publicidad de este estudio. Porque, así lo entiendo, se trata de publicidad, más que de información.
Se trata de un estudio de muy pequeña escala en el que se han estudiado cuatro pequeñas parcelas. Tras analizar la presencia de estos hongos (se detectaron 16 especies, algunas de cuyas poblaciones se incrementaron y otras se redujeron) se llegó a dos conclusiones:
- los cambios en la frecuencia de los incendios pueden alterar la estructura, composición y diversidad de las comunidades de las ectomicorrizas (“These results indicate that changes in fire frequency can alter the structure, composition and diversity of ECM communities“.
- estos cambios podrían comprometer la resiliencia (capacidad de recuperación tras el incendio) del ecosistema en áreas muy afectadas (“which could compromise the resilience of the ecosystem in highly disturbed areas“).
La primera parece obvia y suficientemente demostrada con la investigación. La segunda no tiene ninguna base, ya que no ha sido estudiada la resiliencia. Se ha añadido simplemente para dar más importancia al estudio. De hecho es la que ha dado lugar de manera absolutamente injustificada al comunicado de prensa, alimentando la hoguera de la alarma social.
Como el resultado del estudio (pequeños cambios en la organización de 16 especies de hongos del suelo) no es capaz de atraer el interés del periodista, se ha utilizado la segunda conclusión, que no puede deducirse de ninguna manera del estudio.
Mi hipótesis es más bien la contraria: las cambios en la estructura, composición y diversidad son precisamente una muestra de la resiliencia del ecosistema, que dispone de los elementos para adaptarse a los incendios, que se activan más o menos según las necesidades. Precisamente en un sistema sin resiliencia no podría detectarse un cambio en esa estructura y composición.
La ciencia no suele apoyarse en pies de barro, sino de material mucho más sólido. Pero algunos científicos, para lograr más impacto social, y posiblemente ayudas para continuar sus estudios, se empeña en calzarlos con botines de barro. La exageración en la presentación de resultados o la inclusión inmerecida o desproporcionada de grandes razones para justificar los estudios dejan a la propia ciencia en situación inestable.
A veces el objeto del estudio científico es bastante modesto (excepto a ojos del propio investigador) y resulta tentador exagerar la importancia de la cuestión y de los resultados. Es comprensible. Pero es absolutamente inaceptable que se utilicen técnicas de publicidad que lindan con el engaño.
actualización: pido disculpas por el retraso en la respuesta. La podéis encontrar al final de este post
¿Sabes qué tipo de bosque es el de esta crepuscular foto? ¿Qué especie puede ser tan estilizada? ¿Sabes en qué continente se encuentra?
Una pista: aunque parezca increíble es un bosque sin pájaros.
La respuesta dentro de unos días.
Solución: Creo que nadie ha caído en la trampa y todos los comentarios han apuntado al tipo de plantas (algas) e incluso al lugar de las fotos (California)
No se trata de un bosque, al menos de uno clásico, sino de una formación de algas llamadas laminariales, que se hallan en el Pacífico. Algunos de las más espectaculares se hallan cerca de California.
En la siguiente foto podéis ver que quien se pasea entre los “troncos” son los peces.
A comienzos del verano 2010 el ministro de interior español, Rubalcaba, al presentar las medidas tomadas contra los incendios veraniegos, alertaba de que la campaña podía ser difícil: el riesgo iba a ser mayor, entre otras cosas porque “la pasada primavera ha sido muy lluviosa, lo que ha favorecido que crezca la vegetación”. (cita)
Este es un fenómeno que se da por sabido. Con más lluvias más crece la vegetación herbácea que luego se seca en el estío. Hay entonces más combustible de alto riesgo. Hasta ahí todo normal. Pero a fines de octubre la ministra Espinosa, en una de sus últimas acciones antes de dejar el gabinete, presentó al gobierno un informe sobre la campaña.
Este informe no ha sido publicado ni colgado en internet, lo que no es muy buena costumbre, que digamos, con los documentos preparados con dineros públicos para dar cuenta de la acción pública. Solamente ha llegado hasta ahora la nota de prensa que lo anuncia (aquí el resumen de la Moncloa).
En esa nota hay una frase sorprendente: “De acuerdo con los datos del informe, y con unas condiciones climatológicas húmedas, al final de la primavera, el número de siniestros ha sido un 30 por ciento inferior a la media…”
Lo único que se puede entender es que esas condiciones de las que Rubalcaba nos alertaba como provocadoras de un mayor riesgo, ahora resulta que han influido favorablemente en la reducción. Quizás el informe original diga otra cosa (por ejemplo “a pesar de…”). Pero casi nadie lo leerá y ahora nos quedamos con el desconcierto.
¿Cómo afectan las primaveras lluviosas a los incendios? No conozco de ningún estudio que haya profundizado en esta cuestión. La idea de que a mayores lluvias primaverales mayores riesgos puede que se base en un razonamiento lógico y no en datos reales. Si alguien conoce algún estudio sobre esto le ruego que nos lo diga, porque sería interesante difundirlo para próximas campañas. Pero me temo que es una más de esas frases que se aceptan sin cuestionamiento porque aparentemente tienen una fuerte lógica.
Pero no es en eso en lo que quería centrarme. Lo que más me ha llamado la atención es la debilidad de las razones que se han hallado para explicar el bajón de los incendios.
Para empezar unas precisiones al informe del ministerio (o mejor dicho a la escueta rueda de prensa). El balance es aún algo mejor. No solamente han bajado un 30% los fuegos este verano y un 65% la superficie total afectada. Las zonas arboladas quemadas se han reducido ¡¡¡ un 79% !!!, a pesar de que la agencia estatal de meteorología nos ha informado de que el verano ha sido muy cálido, con una media de 1,4 por encima de la media 1971-2000, y con unos meses de julio y agosto bastante más secos de lo normal.
¿Hay una explicación coherente a ese descenso? La ministra hace referencia a las lluvias de junio y a la eficacia del dispositivo de lucha contra el fuego. Sobre esto último estoy de acuerdo. Pero puede explicar que los fuegos no se extiendan o afecten a zonas sensibles, pero no que haya menor número de fuegos.
Todavía me sigue sorprendiendo que en general se haga un divorcio tan grande entre causas y resultados. Cuando hablamos de aquellas todo el mundo repite aquello de que la inmensa mayoría de los fuegos son iniciados por causas humanas. Pero cuando hay que hacer balance, hablamos de la meteorología, el estado de los bosques o la capacidad de los bomberos.
¿Acaso las causas humanas de los incendios forestales no son una variable que evoluciona con el tiempo? La gente cada vez usa menos el fuego y, a mi entender, lo hace con más cuidado. Si el balance de 2010 ha sido tan bueno creo que se debe principalmente a la sociedad, que ha tenido más cuidado.
Hay alguna semejanza con la evolución de los accidentes de carretera. Aunque influyen el estado de las carreteras y los vehículos, la reducción de los siniestros graves se debe sobre todo a que cada vez la gente conduce mejor.
No estaría de más reconocer esta evolución social y agradecer que la gente haya tenido más cuidado. No solamente por justicia, sino también porque es la vía para mejorar el balance de años próximos. La efectividad de los bomberos se incrementa muy notablemente cuando el número de focos es pequeño o cuando las personas que usan el fuego eligen el momento y el lugar más oportunos para que no haya daños.
Otro día me detendré con algunos datos más sobre este tema, sobre el sorprendente hecho de que en los incendios forestales, lo que menos arde son los bosques.
He estado siguiendo durante bastantes horas por la televisión chilena el rescate de los mineros chilenos. Ha sido emocionante. Había pasado por Copiapó unos pocos días después de que se tuviera noticia de ellos y ya se podía predecir el impacto que tendría la salida definitiva.
Al recorrer caminos y carreteras atacameñas me había ido fijando en las instalaciones mineras. Algunas grandes o inmensas, como iluminados fortines que surgían en medio del desierto. Pero me sorprendió hallar instalaciones muy precarias, en donde unos pocos mineros, los pirquineros, seguían trabajando como siempre, con poco más que una pala y una carretilla. Estas fotografías pueden dar una idea de una de estas minas:
No es ningún escenario de una película del farwest. La bandera chilena muestra que está activa
Otra bocamina artesanal. No es un museo histórico; la foto fue tomada hace un mes cerca de Tocopilla, Chile.
Posiblemente la frase más sentida del rescate la pronunció el capataz justo al salir, “que esto no se vuelva a repetir”. La reacción del presidente Piñera ha sido anunciar un programa para reducir la accidentabilidad laboral en todo el país. Afortunadamente ha recordado que es preciso rebajarla en todos los sectores y no solo en la minería.
En mi manía por la búsqueda de datos y cifras he dedicado un rato a buscar las estadísticas de accidentes laborales en Chile. Imaginaba que la minería, que es un sector industrial muy importante y que se desarrolla en condiciones bastante difíciles (basta con recordar las fotos de arriba) iba a ocupar un negro lugar en lo anuarios. Esperaba encontrar también algunas cifras sobre los accidentes del sector forestal, que tiene también gran relevancia en el país (en torno al 4% del PIB).
Como casi siempre me ocurre cuando miro las cifras reales me he llevado una gran sorpresa. Esta vez mayúscula. El sector minero de Chile es uno de los sectores más seguros del país, mucho más que el agroforestal o el de la construcción.
Para empezar tengo que decir que, aunque Chile es uno de los países latinoamericanos con estadísticas más fiables, me temo que no reflejan del todo la realidad, especialmente la parte sumergida de la economía. Es decir, que un accidente en una mina como la de las fotos es posible que pase más desapercibido que en la gran industria. En cualquier caso intuyo que hay bastante más economía oculta en el sector forestal que en la minería.
Vayamos con las cifras. Según las cifras proporcionadas por las mutuas, en 2009 (sección 1 página 22 del informe) hubo en todo Chile 191.685 accidentes laborales (sin contar los sucedidos en el trayecto o en itinere). De ellos solamente 1.138 lo fueron en el sector de minas y canteras y 24.446 en el agropecuario y forestal.
En relación con el número de trabajadores protegidos por las mutuas, es decir que entran en las estadísticas oficiales, el 7,2% de los empleados en el agroforestpesquero se accidentó en 2009 y solamente un 2,2% de los mineros. La tasa de accidentabilidad es 3,3 veces mayor.
En cambio los accidentes mineros son más graves. El número de días perdidos por accidente asciende a 25, en tanto que solamente son 15 en el sector primario. Aunque es probable que sobre esta cifra influya tanto como la gravedad las condiciones laborales, que fuerzan a una más rápida reincorporación en sectores como el agrario.
La evolución de la accidentabilidad va mejorando de forma muy destacada, aunque hay todavía un largo camino de mejora.
En sector agrario la tasa estaba en torno al 10% en 2001 y había bajado en 2005 al 8,7%. En la minería estaba en el 4,5 en 2001 y 3,3% en 2005. Es decir que la velocidad de reducción ha sido extraordinaria en la minería (ha bajado a la mitad en solo 10 años), mientras que en el sector primario ha caido “solamente” un 30%. Son datos de la Superintendencia de la Seguridad Social.
En cuanto a los accidentes más graves y fallecidos los datos son aún más sorprendentes. De nuevo aviso de que se trata de los casos comunicados. En un documento preparado por el portal de los expertos de prevención de riesgos de Chile se proporcionan las siguientes cifras:
Voy a dar las medias de los años 2008 y 2009: número de fallecidos por año: 166
Solamente se proporcionan las causas de parte de ellos, probablemente porque una buena parte son accidentes en itinere. De los sectores económicos, fallecieron en accidente laboral en esos dos años 3 personas en la minería y 13 en agricultura, pesca… Como en este último sector los muertos son 4,3 veces más en tanto que hay 6,5 veces más empleados, evidentemente la tasa de mortalidad en los accidentes mineros es bastante superior. Pero recordemos, estamos hablando de cifras extremadamente pequeñas. Afortunadamente no ha habido víctimas en el reciente hundimiento de la mina de Copiapó, porque hubiera trastocado todas las estadísticas.
¿Puede que Chile sea un país tan pequeño que es normal que las cifras sean reducidas? Pues no es tan pequeño. Cuenta con 17 millones de habitantes, es decir algo más que un tercio de la población española.
El número de trabajadores “protegidos” por las mutuas asciende a 3,6 millones, de una población activa de unos 6,5 millones. No es fácil comparar estas cifras con las españolas por seguirse criterios diferentes. Pero a ojo de buen cubero las cifras no son muy diferentes. En 2009 hubo unos 600 fallecidos en accidentes laborales en España, casi cuatro veces más, pero la población estudiada tiene una proporción algo superior.
///ACTUALIZACION
He encontrado otra fuente de cifras, estas muy diferentes. Según el Servicio Nacional de Geología y Minería de Chile, el número de muertos anuales en la minería de este país ronda los 34, es decir diez veces más que los registrados en las estadísticas de los organismos genéricos de seguridad laboral.
Al menos por el detalle de distribución regional y mensual y su análisis, estas cifras parecen más realistas.
Está claro que si se quiere reducir la accidentabilidad una de las primeras medidas es poner en marcha un sistema fiable de seguimiento estadístico.
FIN DE ACTUALIZACION///
Por último y de propina, para no olvidar los temas forestales, os voy a poner un enlace interesante. Es una lista de autoverificación del cumplimiento de algunas normas de seguridad y medioambientales en trabajos forestales. Está preparada por la Dirección de Trabajo del gobierno chileno. No he visto ninguna parecida en España y puede ser una buena idea que se preparara algo parecido en cada país.
Hay dos grandes líneas que conviven en este mundo de la gestión forestal. Una de ellas favorece sobre todo la aplicación de medios que recuerdan a la agricultura. La otra se desenvuelve mejor en el caos habitual de la naturaleza. Ambas tienen su papel en la vida de la sociedad y a veces se entremezclan de manera compleja.
Para algunos el ideal del bosque es el de una masa bien organizada de árboles casi idénticos. Ejércitos en formación, les llaman algunos de manera un tanto despectiva. Esas plantaciones rectilíneas de pies de la misma altura tienen evidentemente no pocas ventajas para la gestión, aprovechamiento e incluso estudio científico.
La otra visión recuerda más a una orquesta, en donde, aun dentro de alguna uniformidad cada individuo o grupo juega un rol bastante diferente. Los grupos musicales tienen componentes más variados que los batallones armados.
Acabo de ver que no es así del todo. No se si existe una versión forestal del asunto, pero viendo imágenes de los desfiles militares de Corea del Norte me he dado cuenta que las dictaduras son pozos sin fondo de creatividad. Si os fijáis en este reportaje podréis comprobar como TODOS los músicos de las bandas militares que participan, son varones de la misma altura.
¿Cómo lo logran? Es un misterio. Generalmente se empieza a aprender a tocar instrumentos de música de niño (al igual que los forestales suelen seleccionar árboles en fases juveniles), cuando todavía no se sabe a ciencia cierta qué altura se alcanzará cuando se esté en la mili. No creo que haya relación alguna entre la altura física y las aptitudes musicales… Pero, en fin, la ingeniería social de las dictaduras hace milagros…
Mirando con detalle creo que entrever (min 2:35) a un marinero con un bombo que es unos centímetros menor. Pero debe tratarse del peso del instrumento, cuyo efecto sobre la espalda del músico no ha sido tenido en cuenta por el director. Director que por otra parte no ha encontrado ninguna mujer de la altura y habilidades suficientes como para que participe en esa superorquesta de unos mil músicos.
Hay otra variante con esto de las alturas. En un reciente desfile militar chino se podía ver una imagen sorprendente. Formaciones “mixtas” (no de coníferas y frondosas, ni de mujeres y hombres, sino de diferentes armas), pero con todos los componentes masculinos y de la mismísima altura y complexión. Es la versión idealizada de algunos bosques mixtos, por líneas o bosquetes:
(ver a partir del minuto 1:30 del video)
Desfiles del mismo tipo, más cerca de la versión norcoreana, más rígida y brusca que algunos de los pasos actuales de los soldados chinos por ejemplo, han estado en el centro de la atención de más de la mitad de la humanidad hace solamente un cuarto de siglo.
Cuando en un paisaje se combinan algunos batallones arbóreos uniformados con bosques más complejos, la vida resulta más agradable y soportable. Pero en la sociedad es algo diferente. La presencia, aun en tono decadente y de otra época, de desfiles como estos, aunque sean cada vez más escasos, me sigue poniendo los pelos de punta.