Cardones

Esta es la respuesta al acertijo forestal que proponía hace unos días. Aunque algunas de las soluciones propuestas también podrían encajar en la descripción, lo que tenía en mente es una imagen como esta:  un cardonal, cerca de Purmamarca, a (23,73S y 65,51O):

El cardón (Echinopsis atacamensis) es gran cactus que crece en los desiertos andinos en Chile, Argentina y Bolivia. Esta foto está tomada a unos 2.400 metros de altitud, pero la siguiente es de un cardón que vive a 3.400 metros. Es uno de los mayores que he visto, con unos 7,5 metros de altura y unos 70 centímetros de diámetro a la altura del pecho (de un jugador de NBA), sin contar varios centímetros más de pinchudas espinas.

Así, como si nada, le calculo que tiene entre 2 y 3 metros cúbicos de biomasa, ya que no es fácil llamarle madera. A juzgar por estudios de crecimiento un cactus así puede superar muy ampliamente el siglo de edad. Pero el crecimiento no es nada malo si tenemos en cuenta que en esa zona las lluvias rondan los 200-300 mm al año. Este de la foto está en una “buena” estación, pero los he visto entre roquedos muy secos como este de aquí:

Se encuentra en lo alto de una loma rocosa, junto a las ruinas de la ciudad prehispánica de Tastil (24,45ºS y 65,96O). a 3.200 metros de altitud. Curiosamente se suele decir que muchos cardonales están asociados a antiguas zonas habitadas.

Aunque en nada recuerde a los bosques tradicionales, se han llegado a hacer algunos estudios de crecimiento. En uno de ellos, se han medido ejemplares a lo largo de casi un cuarto de siglo. Al parecer tarda mucho en superar la primera fase vital, viviendo como un pequeño arbusto,  y no se despega del suelo más que a velocidades de unos pocos milímetros al año. Pero poco a poco, según va tomando altura también se acelera su crecimiento vertical, habiéndose medido de hasta 14 cm al año en las plantas mayores.

Esta pauta de crecimiento ayuda a estimar las edades, al menos dentro de una misma estación. Pero se debe tener en cuenta que la edad no es proporcional a la altura. Del estudio de Stephan Halloy he tomado el siguiente gráfico, en donde se puede ver la relaicón altura edad para una zona de Tucumán:

Más o menos cuando un cardón dobla su edad su altura se hace ¡de cuatro a seis veces más alta! No es un comportamiento habitual en los árboles. Me parece extraordinaria la capacidad de estos individuos para ir acopiando recursos de manera casi exponencial. sería interesante ver si su comportamiento es diferente en las zonas en donde hay mayores densidades de cardones.

Para mí es un misterio la forma de crecimiento de esta planta, y de los cactus en general. No parece que, como lo suelen hacer las coníferas y frondosas de todo el mundo, tenga un sistema de cambium que le permite construir una especie de muda nueva cada temporada de crecimiento.  No me ha parecido ver nada parecido a los anillos. Tampoco crece acumulando nudos de frondas, uno sobre otro, como lo hacen las palmeras. Especialmente misterioso para mí es la manera en que  el cardón “engorda”. Si alguien tiene la respuesta se lo agradecería mucho que la compartiera.

Más curiosidades. En la época seca (quiero decir la “más seca”), el cardón se contrae y pierde algunos centímetros de altura y grosor. No se si podríamos decir que su estructura leñosa no es muy eficaz o que, por el contrario, ha logrado un admirable equilibrio de resistencia y flexibilidad.

Tiene un leño muy particular, con numerosos huecos que le dan una estructura reticular. Seco es ligero pero conserva buena resistencia, hasta el punto de ser usado en vigas (claro que en la zona en donde crece tampoco se encontraban buenas alternativas para la construcción).

Un par de fotos para acabar: un  poste de cardón en un cercado y un pequeño mueble construido con esta madera:

Acertijo para forestales

Hay por algunos rincones del mundo algunos paisajes en las que una especie vegetal que forma troncos que alcanzan grosores bastante importantes (hasta 40 cm y más). Aunque en general forma masas bastante abiertas en algunas estaciones logra mayores densidades (las he visto de hasta 300-500 plantas adultas por hectárea), alcanzando áreas basimetricas de entre 20 y 30 m2 por hectárea. Su fuste es corto, aunque bastante cilíndrico y poco ramoso, de unos 4-5 metros de altura. A pesar de su escasa altura se puede calcular que en las mejores parcelas los fustes suman más de 100 metros de volumen.

Contando con esos datos, ¿piensas que esas masas conforman un bosque más o menos clásico?

Creo que hay pocos forestales que considerarían a estas masas como verdaderos bosques.

¿Será porque los troncos tienen grandes espacios huecos que dificulta su uso maderero?

Pero al menos he visto utilizarla para piquetes y como elemento ornamental.

¿Será porque la fracción de cabida cubierta nunca llega al 1%?

Con estas informaciones….

¿Sabes de qué especie o especies estoy hablando?

Cuando lleguen diez respuestas colgaré un par de fotos para desentrañar el misterio.

actualización: Aquí está la solución.

Rankings y récords de los incendios veraniegos

Decía la semana pasada que, aun a falta de algunas semanas, parece que este año va a se el año de menor superficie quemada en mucho tiempo. Hay que remontarse a los años sesenta, cuando no se contabilizaban todos los fuegos, sino solamente los importantes y las mediciones eran imprecisas, para encontrar cifras tan bajas.

Llevamos, según los cálculos provisionales del ministerio, por las 44.000 hectáreas. En 2008, que fue un año excepcionalmente benigno, por estas fechas se habían quemado 47.000. Aunque aumenten algo los números de aquí a fin de año, hay que remontarse hasta 1971 y 1964 para encontrar cifras mejores (35.000 y 38.000). Esperemos un poco antes de dar por definitiva la noticia, pero espero que a fin de año el ministerio informe que ha sido el año de menos superficie quemada desde que se llevan estadísticas completas.

España tiene dos temporadas diferenciadas de incendios, invierno (especialmente en el norte y noroeste) y verano (un poco por todo, pero especialmente en el mediterráneo…. y en el noroeste cuando no se ha podido quemar en invierno). Hoy me voy a concentrar en la temporada de verano y en los resultados semana por semana.

Está claro que las circunstancias meteorológicas son fundamentales para que los fuegos se concentren en determinada semana, que puede variar de un año a otro. He preparado un ranking con las semanas en las que más y menos superficie forestal (arbolada o no) ha ardido, en los últimos once veranos. Como la información que proporciona el ministerio sigue las semanas naturales del año en curso, el número de la semana (en verano suelen caer entre la 27 y la 40) varía de un año a otro. Los datos los presento en número de hectáreas quemadas por día.

Se puede observar la gran diferencia de unas semanas a otras. He resaltado los dos últimos años, porque en ellos se han concentrado bastantes “medallas” buenas, mientras que las “malas” son de hace unos años. Es sorprendente el caso del 2009, con muchas semanas muy tranquilas y una muy mala.

Las se manas negras se concentran entre la última de julio y las dos primeras de agosto, aunque también puede haberlas fuera de esa temporada, incluso en septiembre. No hay tanta claridad para las semanas de pocos fuegos. El caso del año pasado fue sorprendente: una de las peores (27.000 hectáreas, incluyendo el trágico incendio de Horta en Tarragona), estuvo precedida y seguida por dos de las más tranquilas del ranking (unas 500 hectáreas, ¡¡¡ 54 veces menos !!!).

He preparado un gráfico con los datos de todas las semanas entre primeros de julio y mediados de septiembre de 2000 a 2010 (en total 121) y las he ordenado de menos a más graves:

Estas semanas muy graves son bastante escasas. Solamente el 10% de las más graves concentra casi el 50% de las superficie recorrida por el fuego. Por contra, en el 50% de las semanas hay tan pocos fuegos que la superficie afectada por ellos no supone más que el 10% del total.

Este análisis semanal me parece interesante porque, además del fenómeno especial de los grandes incendios, que concentran buena parte de los daños en unos pocos siniestros, también se da una concentración de fuegos y daños -y también de grandes incendios-  en unos pocos días del verano.  Además de prepararse para combatir grandes fuegos, es fundamental tener los dispositivos preparados para reaccionar antes las oleadas de fuegos concentradas en pocos días.

Se va acabando la campaña de incendios 2010...

… y, si no hay sorpresas de última hora, el balance va a ser el mejor en 40 años.

Hasta ahora solamente han ardido unas 44.000 hectáreas forestales, de las que menos de una cuarta parte estaban arboladas.

Estos son los gráficos ya habituales en este blog correspondientes al avance informativo del ministerio hasta el 12 de septiembre. (de nuevo la web del ministerio no lo ha colgado bien; en tanto lo corrige lo puedes descargar aquí):

El balance hasta esta fecha, de superficies ardidas:

No solamente va a ser un año bueno. Ya llevamos cuatro seguidos por debajo de la media. La tendencia desde hace años es a la baja.

Esta es la marcha de las superficies forestales ardidas, acumuladas semana a semana

A partir de aquí no es fácil que haya grandes cambios en la “clasificación”. De hecho desde el 13 de septiembre en adelante arde menos del 5% de los incendios anuales, aunque si os fijáis en los años peores (2000 y 2005) no dejó de haber bastantes fuegos. Por el contrario los años en que se ha llegado a esta fecha con pocos fuegos, siguen siendo años bastante tranquilos.

He preparado otro gráfico para ver lo que suponen, respecto al total anual, los fuegos habidos hasta el 12 de septiembre:

Pero hay un par de detalles a destacar. La última semana (del 6 al 12 de septiembre)  no ha sido buena. Ha habido más incendios que la media:

Esa semana el fuego ha pasado por casi siete mil hectáreas y han ardido 2.200 de bosques. Esto supone respectivamente el 22% y el 16% de lo que llevamos de año. No ha sido una “semana negra” pero ha oscurecido el buen balance que llevábamos.

No ha hecho falta mucho para este estropicio: un par de grandes incendios en Valencia han supuesto la mayor parte de esa superficie quemada.  Estos fuegos no estaban separados por unas horas a no más 40 km entre sí, pero al igual que en el caso de Chandrexa, han afectado sensiblemente al balance final. Esto es normal, porque cuando los resultados son tan buenos, uno o dos grandes incendios suponen mucho, algo diferente a lo que ocurría hace no muchos años, cuando un par de incendios catastróficos no modificaban en demasía el conjunto.

Pero esta última semana contabilizada nos ha traído 3 grandes incendios. la anterior, 2. Empezamos septiembre con 7 grandes incendios y en pocos días la suma ha subido a 12. Esto me lleva a algunas preguntas y reflexiones:

He analizado los incendios detectados y medidos por EFFIS este año. Los datos son algo diferentes a los del ministerio, al utilizar otra metodología. Creo que alguno de los grandes se les ha pasado sin contabilizar, como el de Sos de marzo, y evidentemente hay muchos más pequeños que se les escapan en su detección por satélite. Aunque en su web avisan de que solamente evalúan los que alcanzan las 40 hectáreas, en realidad llegan a delimitar también bastantes entre 20 y 40.

El EFFIS ha medido 63 incendios  de más de 40 hectáreas, de los que 11 han superado las 500 y pueden ser considerados como “grandes”. Esto nos dice que una vez que han alcanzado las 40 hectáreas, los bomberos consiguen apagar casi cinco de cada seis fuegos antes de que llegue a ser “grandes”. Pero una vez que han alcanzado las 120 hectáreas, casi la mitad de los fuegos van a proseguir hasta superar esa barrera de las 500 hectáreas.  Casi la mitad de los que llegan a 500 alcanzan sin problemas los mil y así sucesivamente. Es normal: una vez desbocados es muy difícil contenerlos.

Por otra parte también he estudiado los datos proporcionados por el Ministerio. De media (2000-2009) solamente uno de cada 534 focos llega a desarrollarse como gran incendio. La media de este año es mucho mejor, solamente lo ha hecho uno de cada 808.

Pero en la primera quincena de septiembre las cosas no han ido tan bien. Uno de cada 224 focos ha logrado extenderse más allá de las 500 hectáreas. Esta quincena es algo especial: hay años -más o menos la mitad- en los que no parece haber condiciones para la propagación y no ha habido ningún gran incendio. En otros ha pasado como en este, en donde se dan varios casos. Pero este año ha sido excepcional. Si solo contamos los años con grandes incendios, la media para las primeras dos semanas del mes (más exactamente del 29 agosto a 12 septiembre) nos da uno por cada 334 focos, y recordemos que este ha subido a uno cada 224.

Este ha sido uno de los pocos parámetros negativos de la campaña.

Las cifras son tan pequeñas que el factor “mala suerte” puede haber sido el causante de este fuerte incremento de los grandes incendios (de los cinco grandes de esta quincena hay dos en torno a Chandrexa y los dos valencianos). No tengo ningún reproche hacia la gente que trabaja con dureza para detectarlos y apagarlos.  En el caso de Galicia les ha pillado además en un periodo muy álgido y con muchos fuegos.

Cuando el número total de fuegos es bajo, es mucho más fácil para los servicios de extinción detectar cuales pueden ser peligrosos y concentrar los medios para evitar que alcancen grandes dimensiones. De hecho cuando hay pocos focos, por ejemplo no más de uno o dos al día por provincia, y con el gran número de medios disponibles, el objetivo realista sería evitar que ninguno lograra pasar de ciertas dimensiones.

Control satelital de incendios forestales: la ESA necesita mejorar

Ultimamente he utilizado bastantes referencias sobre el control de los incendios por satélite. Algunos de los post sobre España (por ejemplo este) los he realizado aprovechando las informaciones del EFFIS, un sistema europeo que trabaja con las informaciones proporcionadas por dos satélites de la NASA (terra y acqua)  que disponen de un instrumento llamado MODIS, un espectrorradiómetro capaz de medir temperaturas con mucha precisión.

Estos mismos instrumentos son utilizados por otras instituciones, que como las que han creado el Fire Alert System, que utilicé en el artículo sobre Bolivia.

Estas medidas de temperatura tiene  sus limitaciones, por ejemplo en momentos de mucha nubosidad, o pueden confundirse con otros fenómenos, lo que hace que a veces parezca haber incendios incluso sobre el aguja. Por eso necesitan ser tratados y elaborados con bastante cuidado.

Cada uno de estos sistemas utiliza un algoritmos o métodos de cálculo, adaptados para evitar errores y mejor detectar los fuegos reales.  Por eso sus resultados pueden ser muy diferentes. La calidad de los algoritmos puede influir mucho en los datos finales. Aquí encontrarás una explicación (en inglés) de cómo lo hace EFFIS.

Hay otros sistemas de satélites que de manera bastante semejante proporcionan informaciones, por ejemplo el también americano NOOA AVHRR, que es utilizado por el Global Fire Monitoring Center, situado en Alemania,   o el servicio de control aéreo de bosques de Rusia (Avialesoojrana) que, al parecer, no dispone de informaciones de satélites propios y utiliza las de los americanos.

Estos sistemas llevan ya bastantes años, desde 1978 el de la NOOA, y 2000-2002 los de la Nasa.

Ahora han empezado a presentarse datos proporcionados por la ESA (Agencia Espacial Europea) a partir de radiómetros embarcados en sus naves. Se ha lanzado un proyecto llamado ATSR World Fire Atlas con datos desde mediados de 1996 hasta el presente.

Una de las principales características de este sistema es que detecta únicamente los fuegos nocturnos. Eso evidentemente tiene algunas ventajas, pero también inconvenientes.

Aunque la propia web de ESA dice que el sistema está en proceso de validación, eso no les ha retenido de empezar a emitir notas de prensa poco cuidadosas. Probablemente les ha impelido a ello la necesidad de una agencia pública tan grande de mostrar su utilidad.  Pero esta vez creo que han resbalado un tanto.

La nota es del 13 de septiembre y tiene el título de:

Satellites reveal Russian fires worst in 14 years

(los satélites muestran que los incendios rusos han sido los peores en 14 años)

y esta es la imagen que lo demuestra:

Estoy preparando un post analizando algunas cosas sobre los incendios rusos de este verano, así que me han llamado la atención unas cuantas cosas. He bajado incluso otros datos de la ESA, pero todo eso me ha reforzado las dudas sobre la falta de depuración de sus informaciones.

Para empezar fijaros en una errata. El gráfico cuenta los fuegos en un área situada entre los meridianos 32 y 55 ¡oeste!. Esa zona se sitúa en realidad en medio del océano atlántico. Errata, más que error, pero imperdonable en una agencia seria, que debiera repasar sus notas de prensa antes de lanzarlas al viento…

Luego viene la clásica divergencia entre el titular y el contenido. Se habla en el primero de los peores incendios en Rusia, pero luego se habla de una zona relativamente pequeña (130 millones de hectáreas, el 8% de la superficie del país) en torno a Moscú, y no de daños (superficie o pérdidas), sino solamente de número de focos de fuego detectados por el sistema de la ESA.

Me ha llamado la atención que, pudiendo disponer de esa información por regiones y provincias, la ESA haya buscado un recuadro geográfico tan poco habitual. Parece claro que ha habido una selección de la zona donde este año se han concentrado los incendios para destacar el incremento. pero entonces no se tiene derecho ha hablar de los “peores de Rusia”, ni mucho menos.

Pero el contraste me ha parecido fantástico, 3000 incendios mensuales este verano, cuando los años peores de los anteriores no había más allá de 600… A primera vista me ha parecido mucha diferencia a primera vista…

En la web de ATSR World Fire Atlas no he encontrado la manera de reproducir esas informaciones, al menos por ese recuadro geográfico. Así que me he bajado los datos de todos los focos detectados en julio y agosto en territorio ruso, provincia a provincia (por si alguien quiere comprobarlo: he utilizado el algoritmo 2, que da un número de focos un 30% superior al algoritmo 1).

Y he encontrado unas cuantas cosas curiosas, que debieran llevar a reflexionar sobre cómo depurar mejor los datos.

1 de julio: ningún solo incendio en todo el territorio ruso (recordemos, 1.700 millones de hectáreas, con todo tipo de climas y situaciones. Para ese día el control terrestre y aéreo del servicio forestal ruso decía que había unos 220 fuegos que afectaban a casi 15.000 hectáreas. Evidentemente el satélite no estaba funcionando.

2 de julio. Este día la ESA muestra nada más y nada menos que 827 focos. Pero sorpresa, excepto uno de ellos, situado en la región de Vologda, los 826 restantes se concentran en la región autónoma de los Nenets, situada va orillas del Artico:

Parece algo realmente improbable. Pero sigamos…

La región con más incendios este verano ha sido el Koryaksky okrug. En el solito la ESA ha detectado más del 14% de los focos de toda Rusia. Si no habéis oido hablar de esta región no me extraña. Tiene “solamente” 300.000 km2 (2/3 de España), unos 24.000 habitantes (sí, solo veinticuatro mil). Este verano al parecer les ha tocado a un incendio detectable  cada ocho habitantes…

Pero regresemos a la zona donde más daño ha habido este año. He seleccionado las cuatro provincias del entorno de Moscú donde más graves han sido los fuegos: las de Moscú, Riazán, Vladimir y Nizhni Novgorod. Entre las cuatro provincias se suma una superficie de casi 150.000 km2.

Ha sido una de las zonas más afectadas por la sequía y el calor.  Entre las cuatro se han detectado en julio y agosto 4.248 focos. Pero lo más sorprendente que en 35 de los 62 días medidos, según la ESA los satélites no han captado ningún foco. Ha sido normal, por ejemplo, que al día siguiente de no haber “visto” nada, hubiera 400 o 500 fuegos, y un par de días después, de nuevo nada. Y desde el 16 de agosto no se ha detectado ni un solo fuego en ninguna de estas provincias. Un comportamiento bastante extraño.

elaborado por lucaria a partir de datos del ATSR World Fire Atlas

Si esto ha pasado este año, cuando ya estaba puesto en marcha el sistema, ¿qué fiabilidad pueden tener los datos de hace diez o doce años? ¿Es realista la comparación que hace la ESA y que tan llamativa a aparece en ese gráfico, que más parece el perfil de una montaña alpina del Tour de Francia?

Me he detenido en los días y provincias de mayor concentración de fuego, las de Moscú y Riazán el 6 y 7 de agosto. En total, 576 focos de fuego detectados. He recuperado sus coordenadas y el resultado es el siguiente:

hacer click para ampliar la imagen

No se trata en general de focos diferentes, sino fundamentalmente de algunos pocos incendios. La evolución es la siguiente día 5, nada, día 6 (en naranja), día 7 (en rojo), días 8 y 9, nada… Incendios bastante extraños.

Pero son fuegos que evidentemente han existido. He preparado una imagen a mayor escala para compararla con un mapa preparado por el servicio forestal ruso (rosleshoz) sobre esos mismos fuegos, aunque los sitúa no los días 6-7 sino 9-10 de agosto.

En la imagen de rosleshoz el lila está el contorno quemado hasta principio del día 9 de agosto y en naranja lo ardido en las siguientes 48 horas. El contorno del incendio mayor supera las 70.000 hectáreas, aunque no todo se quemó, evidentemente.

Los “hotspots” de la esa están en una cuadrícula de aproximadamente 1 km de paso. Pero como de día a día hay una pequeña variación, resulta que un mismo punto puede estar “encendido” en diferentes días. ¿Cómo evitar sobreestimaciones? ¿Porqué en un solo día detecta superficies tan grandes y otros días ninguna? Creo que en tanto no se responda mejor a estas preguntas hay que tomar los datos proporcionados por la ESA con pinzas.