(pido disculpas por un post tan largo; al principio iba a ser una escueta noticia con un pequeño comentario… pero me he ido metiendo y metiendo en el asunto…)
(actualización noviembre 2010: he colgado un nuevo artículo sobre los incendios bolivianos, haciendo balance del año: Los incendios de Bolivia en 2010, dentro de lo normal)
Este año Bolivia ha sido una de las estrellas en el espectáculo que montan cada año los medios de comunicación con los incendios forestales. Sin llegar a la altura de los de Rusia de hace unas semanas, se habla de que en las últimas semanas han afectado a millones de hectáreas, con gravísimas consecuencias para los ecosistemas y las poblaciones.
A primera vista el asunto parece bastante preocupante, máxime cuando hasta ahora parecía que Bolivia, en donde la mayoría de sus bosques se encuentra en la Amazonía húmeda, no era un país especialmente sensible ante los fuegos. Pero, más o menos subliminalmente podemos pensar que algo estará cambiando, especialmente con el calentamiento global…
La espectacular imagen de la Nasa nos muestra la situación de focos y humos el pasado 23 de agosto.

Según la Nasa en esta imagen se observan nada más y nada menos que 149.946 fuegos. Si queréis contarlos podéis descargarla con alta resolución (11 Mb, jpeg).
Según las informaciones de la administración boliviana hasta fines de agosto se habían iniciado más de 40.000 focos de calor, 30.000 de ellos a lo largo de agosto. Se ha hablado de hasta dos millones de hectáreas afectadas… Tradicionalmente agosto, y sobre todo septiembre, son los meses donde se concentran casi todos los incendios, así que las cosas aún pueden agravarse.
Sin embargo hay unas cuantas cosas que me mosquean. Por experiencia sé que los fuegos no han sido solamente una herramienta agroganadera y forestal, sino un también un arma arrojadiza en las contiendas y debates políticos e ideológicos. Muchas veces he visto utilizarlos, generalmente exagerándolos, para avanzar en la consecución de determinados objetivos.
He leído algunas declaraciones en torno a estos incendios y me ha quedado esa impresión.
Voy a empezar con la que me ha parecido más fuera de tono
Alarma, que algo queda
Este año ha saltado la alarma. Y cuando se inicia una carrera alarmentística… nada parece detenerla.
El 27 de agosto, en el periodo más álgido de los fuegos la BBC informaba que “la incidencia de enfermedades como consecuencia de los incendios forestales que afectan a Bolivia mantiene en alerta a las autoridades sanitarias“.
¿Qué enfermedades serán esas que son consecuencia del fuego? ¿Quizás de las vías respiratorias? Sí, claro, pero también algo más. La BBC citaba que según “ portavoces de salud pública se registra un incremento de males como difteria, gripe AH1N1, peste bubónica, fiebre hemorrágica, conjuntivitis, infecciones respiratorias agudas, dengue y dermatitis“.
¿Difteria? ¿Peste bubónica? ¿Y se han dado cuenta de su incremento a los pocos días de iniciarse los numerosos incendios? Eso sí que es eficacia estadística y amplitud de miras. Los fuegos causantes de la expansión de la peste bubónica, ni más ni menos. Bueno viene a ser algo parecido a las explicaciones medievales de esa misma peste en Europa: el causante de una enfermedad tan malvada solamente podía ser el pecado. Y como uno de los peores pecados medioambientales que se nos inculca hoy en día es el del fuego… ¡Si lo oyera Prometeo!
¿La alarma se la lleva el viento?
Un internauta, alarmado por estas informaciones, escribía un comentario: “¡Apaguen ese fuego Bolivia! Soy de Asunción, Paraguay, y el fuego ocasionado en Bolivia está dejando mi ciudad bajo una nube insoportable de humo!“.
La información puntual y exagerada trae estas consecuencias. Los paraguayos enfadados con los bolivianos. Si miramos el mapa, veremos que Asunción está en la dirección del viento… a unos 800 km de los focos más próximos de su país vecino. Entre ambos se hallan los fuegos paraguayos, que apenas han salido en la prensa.
He preparado un mapa (a partir del web fire mapper de la universidad de Maryland con los incendios habidos en ambos países a lo largo de agosto, y que muestra que el mal de los fuegos es común a todos los países del área:
Una primera estimación “científica” de las pérdidas
Me despierto hoy con otra noticia alarmante relacionada con los fuegos bolivianos. El miércoles 1 de septiembre ya hay una primera valoración de los daños económicos. La ha hecho la “Asociación Boliviana para el Avance de la Ciencia” (ABAC) y la eleva a cerca de 70.000 millones de dólares (unos 55.000 millones de euros) “en valores intrínsecos y económicos de la biodiversidad perdida”.
Cualquiera que lea la noticia debería preocuparse muchísimo. Si una institución de nombre tan llamativo lo dice… No me extrañaría que este dato fuera rebotado y apareciera en la prensa de otros países…
Pero hay un par de cosas que chirrían. La primera es que la cifra de daños en un mes de incendios es un 4 veces mayor que todo el PIB nominal de Bolivia (17.340 millones $ en 2009 según el Banco Mundial). Por compararla con una catástrofe próxima, la del terremoto de Chile, uno de los mayores de la historia, provocó daños en infraestructuras de “solamente” 30.000 millones.
En segundo lugar no se tiene ni siquiera una idea aproximada de las hectáreas que han resultado afectadas. Las estimaciones del gobierno boliviano son comedidas, se habla de 2 millones de hectáreas, pero sin que se haya procedido aún a una medición detallada. No se sabe todavía que proporción corresponden a bosques y cuantos son terrenos de pastos y cultivos…
Aun con todo los científicos parecen haber hallado un método rápido y eficaz… que no explican, evidentemente. Pero la alarma queda.
Hay otro problema. Se me ha ocurrido mirar qué es la “Asociación Boliviana para el Avance de la Ciencia” y de qué medios dispone para hacer esas estimaciones, que a mí se me antojan bastante complejas. Parece que es una institución promovida en 1987 por la Academia de Ciencias de Bolivia. Pero me he llevado la sorpresa que no dispone de página web, ni siquiera de dirección física, solamente de un apartado de correos. Por lo que me han informado no tiene personal científico contratado.
Dudo que lanzar al vuelo sin un estudio concienzudo cifras inmensas a partir de cálculos groseros pueda hacer avanzar la ciencia. Y menos aún la conciencia de la realidad de los fuegos y de los medios para reducir su impacto. Suena más bien a argumento de lucha sociopolítica.
¿Es la situación de 2010 excepcional?
No hay muchas informaciones estadísticas históricas sobre los incendios en Bolivia. No es fácil saber si los de este año suponen un caso excepcional. Esta es una cuestión evidentemente muy importante y me voy a detener en los datos que he encontrado.
En el siguiente mapa la situación de los departamentos en donde son más preocupantes los fuegos: Pando, Beni y Santa Cruz, todos ellos en las zonas más bajas y boscosas del país.

mapas de wikipedia y wikimedia
Hasta 2009 estuvo activo un proyecto un proyecto de manejo forestal sostenible por el gobierno boliviano y el norteamericano (a través de USAID), llamado BOLFOR. En ese marco se hizo un estudio sobre los focos de calor captados por los satélites en 2005 y 2006, de donde he tomado el siguiente mapa.

hacer click para aumentar la imagen
Según ese estudio el satélite Aqua detectó en 2005 casi 50.000 focos y cerca de 40.000 al año siguiente, que fue más lluvioso.
Así que a falta del peligroso septiembre el número de fuegos parece ser este año mayor.
Actualmente la fiabilidad del seguimiento por satélite tiene todavía unos cuantos problemas. Detecta focos de calor, aunque algunas nubes pueden llegar a ocultar algunas (subestimando los fuegos totales), en tanto que puede dar falsos positivos (sobreestimando la cantidad final). Para ello se han desarrollado una serie de procedimientos para ajustarse mejor a la realidad.
Pero puede haber otros problemas, ya que un mismo incendio (en el sentido en el que lo entendemos en Europa, puede venir manifestado por varios focos próximos, o registrado dos veces si dura más que el periodo de revisión de la información. Tampoco discrimina los fuegos realizados controladamente, que no podrían catalogarse como incendios. Por último no es fácil hacer a partir de esos datos una estimación de las superficies afectadas.
Por todo ello a partir de las mismas informaciones primarias los datos elaborados pueden ser bastante diferentes.
Este es el sistema que ha puesto en marcha la ABT (Autoridad de Fiscalización y Control Social de Bosques y Tierra) desde mediados del 2009. Las cifras se limitan a un periodo muy corto. Es lógico que por comparación con el año pasado la preocupación se haya incrementado muchísimo, pues hasta fines de agosto en 2010 ha habido 8 veces más focos de calor que en 2009. Pero esto no nos da una perspectiva suficiente. Además del análisis de los datos no me queda claro si se trata únicamente de los focos situados en zona boscosa o del total de los detectados, incluso en campos agrícolas y otros.
El ABT elabora esos datos conjuntamente con la Universidad de Maryland y otras instituciones. Estas han puesto en marcha una web, llamada “fire alert system“, en la que podemos encontrar algunos datos más viejos.
Desde mediados de 2007 en “fire alert system” se separan las informaicones de los fuegos dentro y fuera del bosque nativo. Los he puesto en el siguiente gráfico:

Para 2007, aunque incompletos, los datos cubren todo el periodo de mayor incidencia (agosto-septiembre). En 2010, por el contrario falta buena parte del año. Así que es probable que las cifras sean este año las más elevadas de los cuatro últimos.
Pero además en los mapas que publica anualmente “fire alert system” se encuentran informaciones de años anteriores, hasta 2008. Para completar el dato he incorporado las cifras de ATB de 2009 y 2010.

Como se puede ver las cifras no coinciden (en 2007 se dan 36.000 y 52.000 focos en zona de bosque, a pesar de partir de la misma fuente).
También vemos grandes divergencias entre los datos de focos detectados en julio-agosto de 2010 proporcionados por la autoridad estatal ABT para el departamento de Santa Cruz (unos 21.700) y las quemas contabilizadas por el gobierno departamental (algo menos de 14.000).
Pero ninguno de estos informes se remonta más de ocho años ni hacen referencia a las superficies afectadas.
Pero contamos con un informe publicado en el International Forest Fire News que nos indica que el año 1999 fue el más catastrófico, al menos desde que se cuentan con informaciones aceptables: entre agosto y septiembre ardieron 12,7 millones de hectáreas. Recordemos que la media del último decenio en España es de solamente es de 0,1 millones de hectáreas, cien veces menos, para un país que tiene aproximadamente una superficie total doble, con el triple de bosques y la cuarta parte de población, que España).
Del balance de aquel año se estimó que aproximadamente 7,2 millones de hectáreas correspondían a quemas de mantenimiento de pastizales. ”Solamente” 0,9 millones se identificaron como quemas de conversión de bosque en cultivos y más de 4 millones afectaron directamente al bosque. Es decir solo aquel año el fuego recorrió (no creo que deba decirse de forma generalizada, como se acostumbra, “arrasó” o “calcinó”) casi el 7% de la superficie boscosa.
Recordemos que en España, que muchos consideran todavía uno de los focos negros de los incendios forestales mundiales, el fuego recorrió de media en 2000-2009 ”solamente” el 0,2% de la superficie arbolada.
No solamente ardieron campos ese año. Hubo bastantes muertos, centenares de casas se quemaron, destruyendo varias poblaciones.
A falta de comprobar como se comporta el fuego las próximas semanas, parece que este año va a ser bastante más grave que la media, pero aún falta mucho para que llegue a superar las cifras de los fuegos de aquel año de 1999.
Superficies quemadas
No he logrado encontrar cifras de superficies afectadas más que para el Departamento de Santa Cruz, en el que ocurren de media el 75% de los focos de calor. Este departamento cuenta una Dirección de Manejo de Recursos Naturales que ofrece estadísticas más detalladas y elaboradas.
Cuenta por ejemplo con datos de superficies afectadas en el periodo 1999-2008 (con el vacío de 2003), así como mapas digitalizados de esas zonas. He preparado un cuadro de esa superficies quemadas:

No hay datos para 2003 y 2009. He incorporado una estimación para 2010 (75% de las 2 millones de hectáreas que se han estimado en todo Bolivia, aunque en lo que llevamos de año la proporción de focos en este departamento es mucho menor, de solo el 55%).
El año va a ser malo pero no tan excepcional.
Los incendios bolivianos y el cambio climático
Como suele ser habitual, en cuanto los fuegos alcanzan proporciones de noticia de primera página, alguien nos recuerda rápidamente que el cambio climático está detrás de ellos. En el caso de Bolivia ha sido el mismísimo presidente Evo Morales quien hace pocos días hizo unas declaraciones de este tenor: ”El jefe de Estado expresó su convencimiento de que los incendios se aceleran y se masifican por el cambio climático“.
Esta opinión es muy generalizada. Véase por ejemplo la opinión de la ONG OXFAM, que incluye el agravamiento de los incendios como unos de los cinco principales impactos de los cambios climáticos en Bolivia.
En las citadas declaraciones de la “Asociación Boliviana para el Avance de la Ciencia” se dice que “se debería prohibir ‘estrictamente la práctica del chaqueo con quema’, que cada vez es más peligroso por las sequías que provoca el cambio climático“.
Para comprobar hasta qué punto esto puede ser cierto he accedido a las informaciones proporcionadas por el Servicio Nacional de Meteorología e Hidrología de Bolivia (SENAHMI).
En su sitio web proporciona datos medios de 1960-1990 como periodo de referencia y los valores de temperatura y precipitaciones desde 1999 a 2008. Con un poco de paciencia he completado esas informaciones hasta agosto de 2010 a partir de sus informes mensuales.
Me he limitado a los dos departamentos, Beni y Santa Cruz, en donde se concentran aproximadamente el 85% de los incendios. He utilizado todas las estaciones del SENHAMI situadas en ambas regiones y que cuentan con informaciones para el periodo de referencia 1960-1990. En total son 5 para Santa Cruz y 7 para Beni, una cantidad que nos puede dar una buena idea de la marcha del clima en esos sitios.
Es de suponer que por muy global que sea, para que el cambio climático afecte a los incendios bolivianos debería notarse localmente, con aumento de temperaturas y, al menos, reducción de precipitaciones. Pero no parece ser así, al menos a partir de esos datos:
En el siguiente gráfico se puede ver la evolución reciente de las temperaturas medias anuales (mejor dicho de las anomalías o diferencias respecto al periodo 1960-90):

Prácticamente todos estos años la temperatura ha estado por debajo de la media histórica, en torno a 0,3º por debajo. La verdad es que no hace una gran diferencia respecto a los incendios que la temperatura media haya sido de 26º o de “solo” 25,7º, ya que en todos los casos se trata de mucho calor. Pero el cambio de los últimos años, aunque pequeño, ha sido hacia temperaturas menos elevadas.
De todas formas, aunque pueda descartarse el factor de elevación de temperaturas en el clima reciente de estos dos departamentos, ha podido ocurrir que se presentara una ola de calor excepcional estos últimos meses que afectara significativamente a la cantidad y extensión de los fuegos.
Para comprobarlo he preparado otro gráfico, comparando la temperatura media de los meses de enero a agosto en 1960-90 con las registradas este año:
Salvo posible error -los datos son provisionales- resulta que en la media de ambos departamentos las temperaturas de los dos meses con más incendios, julio y agosto, han estado en torno a un grado por debajo de la media histórica.
Si no podemos echarle la culpa al calentamiento, quizás haya que encontrar al responsable en otro de los pronosticados efectos del cambio climático, la reducción de precipitaciones.
En el gráfico que he preparado, usando las mismas fuentes y metodología, se puede ver que no hay un cambio generalizado, ni mucho menos:
Los datos disponibles son más escuetos, ya que solamente los hay desde mediados del 2006. Para contar con al menos cuatro periodos, he utilizado el lapso de septiembre a agosto.
La media de estos cuatro años no difiere prácticamente nada de la histórica. Solamente los últimos doce meses muestran un descenso importante, especialmente en Santa Cruz. Se trata de una sequía, importante, pero probablemente puntual, como las que se suelen vivir en todas partes, ya que no hay ninguna tendencia que indique que las precipitaciones estén disminuyendo.
Este año las lluvias fueron normales en mayo y julio, pero muy bajas, menos de la mitad de lo habitual, en junio y agosto, meses que ya de por sí cuentan con escasísimas precipitaciones:

Esto si puede haber afectado a la dinámica de los fuegos.
Pero aún hay algo más.
Las posibles causas del subidón de incendios de este año
El año pasado hubo un mes de julio bastante húmedo; llovió el doble de lo habitual. En algunas estaciones también fue húmedo agosto y septiembre. Desconozco hasta qué punto estas lluvias pudieron influir, pero 2009 fue el año de menos quemas registradas de los últimos tiempos: más o menos la mitad que en 2007, y un 30% menos que en 2008. Las circunstancias climáticas parece que no fueron en muchas zonas favorables para hacer las quemas que muchos agricultores y ganaderos habían previsto.
De hecho ocurrió algo sorprendente. En Bolivia el pico de los fuegos suele ser claramente el mes de septiembre, cuando coincide la época seca con las altas temperaturas. En ese único mes suelen producirse aproximadamente entre el 40 y el 50% de los fuegos anuales. Pero en 2009 los incendios se atrasaron; de hecho hubo más en octubre que en septiembre, algo muy excepcional.
Probablemente para muchos la tarea de usar el fuego para limpiar pastizales o eliminar bosque para nuevos cultivos se quedó pendiente y este año la han retomado con más fuerza, en cuanto las condiciones climáticas lo han permitido, no fuera que ocurriera como el pasado año y se pasara la temprada seca sin haber hecho esa tarea.
Esta hipótesis puede confirmarse si los incendios de septiembre vuelven a lugares menores e incluso queda por debajo de los de agosto. El tiempo lo dirá..
Pero tengo que reconocer que algo falla en mi teoría. Donde más han aumentado los fuegos este año ha sido precisamente en Beni (hasta fines de agosto triplican los de un año normal), en tanto que en Santa Cruz parecen situarse aún dentro de lo habitual. Pero fue precisamente en Beni donde en 2009 no hubo reducción de fuegos, en tanto que fue en Santa Cruz en donde se produjo el grueso de la disminución. Quizás algún colega boliviano nos pueda dar una mejor explicación.
La lucha contra las quemas
El gobierno boliviano parecía haberse planteado un esfuerzo para reducir el número de incendios. Las repetidas declaraciones de altos responsables así parecían indicarlo.
Sin embargo unas muy recientes declaraciones del presidente Evo Morales aportan alguna aparente confusión: “Morales afirmó hoy que ‘siempre habrá chaqueos’ en Bolivia porque ‘es imposible acabar’ con esa práctica e insistió en que la misma no es la única causa de los incendios en el país. Apuntó a ‘alguna gente maliciosa’ que prende fuegos en lugares donde la actividad agrícola no está permitida o no es posible, como algunos cerros en el Altiplano de La Paz o parques naturales.” (El chaqueo es la práctica tradicional de desmonte del terreno con ayuda del fuego, para dedicarlo a la agricultura o la ganadería)
Evidentemente los responsables políticos suelen tener un grave problema una vez que los incendios forestales provocan daños graves. Como el fuego ha sido una herramienta económica de gestión desde el neolítico, o incluso antes, se topan con que hay mucha gente implicada en su uso, que no entiende porqué debería dejar de hacerse algo que viene haciéndose desde hace milenios.
Una solución, la adoptada ahora por Evo Morales, y también antes en España, es encontrar a los malos de la película, gente que no sea el pobre pastor o agricultor que utiliza los fuegos como un medio barato, uno de los pocos a su alcance.
En España se apuntó al especulador inmobiliario y al malvado maderista, en ambos casos sin que tuvieran culpa alguna (salvo quizás casos excepcionales y probablemente ni eso). Ahora Morales apunta a “gente maliciosa”.
Pero en Bolivia más del 90% de los fuegos aparecen precisamente en la zona del chaqueo tradicional. Este año, que ha levantado alarmas, en esa zona se han producido el 98% de los fuegos. Así que los malvados, que siempre los hay, son por ahora bastante irrelevantes, excepto como chivos expiatorios.
Los responsables del sector han sido más realistas. Pero las medidas que proponen por ahora no parecen muy reflexionadas.
El presidente de la comisión senatorial que trata de estos asuntos, Berzati, ”hizo especial énfasis en ampliar la multa para los que provocan incendios forestales en el país y planteó cobrar 1.000 bolívares por las hectáreas quemadas ilegalmente“.
El problema es que si se trata de un medio aún necesario en la gestión, simplemente será necesario “legalizarlas” por medio de papeleos burocráticos, lo que probablemente no conlleve una gran disminución del fuego.
De hecho ya existe este procedimiento, que imagino pocos siguen en los campos.
El director nacional de la Autoridad de Fiscalización y Control Social de Bosques y Tierra (ABT), Clíver Rocha, informó el 26 de agosto “que están analizando la posibilidad de suspender momentáneamente los permisos que ya fueron otorgados para la quema de algunos predios.“
Esta pudiera ser una buena medida si el riesgo de pérdida de control de los fuegos es muy elevado (temperaturas, sequedad, vientos). Pero para que esta medida sea efectiva no se trata de decir que se está analizando, sino de tomar la medida en el momento y en los lugares, y solo en ellos, en donde concurran esas circunstancias, así como levantarla prohibición inmediatamente que desaparezcan. Además solamente deberían tomarse medidas tan radicales si el gobierno es capaz de hacer llegar la información rápidamente y de poder tomar medidas rápidas contra los infractores. Si no se quedará en papel mojado, insuficiente para extinguir los fuegos.
Al parecer el ABT ha iniciado ya procedimientos contra algunos propietarios de los predios en donde se han hecho quemas ilegales. Esta vía ha creado ya problemas (al publicarse los nombres de dichos propietarios). Y puede crear muchos más, especialmente en la delicada situación política del país.
El embrollo puede aún ser mayor debido a unas declaraciones del director del ABT en las que lamentando la publicación de esos nombres explicaba que “los que son acusados de provocar quemas ilegales tienen la opción de presentar sus descargos y demostrar su inocencia“. Esto de tener que demostrar la propia inocencia en lugar de que sean los iniciadores de los procedimientos quienes demuestren la culpabilidad va contra todo derecho. Espero que haya sido un desliz o una mala interpretación, pero en el tema de los incendios hay que tener siempre un extremado cuidado.
Además, si en agosto ha habido 30.000 incendios, ¿cuantos han sido ilegales? (supongo que casi todos), ¿cómo se han “seleccionado” los predios incendios a cuyos propietarios se ha abierto expediente? (¿los que han provocado daños humanos o materiales? ¿los situados en espacios protegidos? ¿los que han creado alarma social?). Como evidentemente ningún gobierno es capaz de perseguir a 30.000 provocadores de fuegos en un mes, se corre el riesgo de buscar a “los malvados” de los que hablaba Morales, algo que puede dar satisfacciones políticas pero que no resuelve en absoluto el problema.
Fuego y agricultura
El problema del uso del fuego para mantener pastos y ampliar o mejorar cultivos no es exclusivo del Amazonas. En España lo hemos tenido durante milenios y si ha ido desapareciendo se debe a cambios profundos, y no a medidas administrativas y represivas. Mejor dicho, estas solamente han empezado a tener efecto una vez que el fuego no ha sido imprescindible para la supervivencia.
En ese sentido tiene razón Evo Morales cuando defendía las prácticas tradicionales del uso del fuego por campesinos e indígenas para el cultivo, aun cuando de alguna manera contradecía lo que declaraban altos responsables de su propio gobierno. Incluso reconocía que él mismo que ”una cosa son los ‘chaqueos’ y otra cosa son los incendios. Yo sé chaquear, he chaqueado y conozco cómo son los chaqueos. Los chaqueos no afectan tanto como esto“.
Es decir, sí a usar el fuego, pero bien y dentro de un orden.
Solamente países ricos, que cuentan con cultivos estabilizados desde hace muchos siglos, maquinaria pesada, herbicidas, subvenciones… pueden permitirse el lujo de querer eliminar completamente el fuego de sus sistemas agroganaderos. Seguramente los campesinos bolivianos tendrán también en el futuro acceso a algunas de esas herramientas que no solamente les ahorrarán muchos esfuerzos físicos, sino que reducirán enormemente la extensión de áreas quemadas. Pero entretanto el problema es otro. Los criterios de calidad en la gestión no solamente son aplicables a la producción industrial ultramoderna; pueden serlo a las actividades artesanales o a métodos agrícolas tradicionales. La calidad en el manejo del fuego exige unos conocimientos y medios que sí están ya al alcance de los bolivianos; esa es la mejor vía para reducir los daños de los fuegos.
Un ecologista boliviano, coordinador de la ONG Liga de Defensa del Medio Ambiente (Lidema), incorporaba otro punto de vista, a mi entender completamente alejado de la realidad. Declaró que “la quema de pastizales parte de una práctica que se basa en concepciones equivocadas” y que hay una creencia de que la quema de maleza “genera ceniza que ayuda a aligerar la estructura de los suelos (y mejorar su calidad), pero sin embargo la ceniza, que también aporta potasio, por el contrario elimina las formas microbiológicas que permiten la regeneración natural de los suelos. Entonces es contraproducente”.
Estoy imaginando la reacción de los campesinos. El abono con la propia ceniza del fuego forma parte del saber tradicional, empleado desde hace miles de años, y ahora un señorito, aun reconociendo sus virtudes (mejora la estructura y calidad del suelo y lo abona), les dice que de todas formas es contraproducente, porque los microbios que mueren hubieran sido más importantes. Cientos de generaciones equivocadas; ¿quizás hubieran pasado menos hambre si hubieran seguido un consejo semejante difundido por algún chamán ecologista hace siglos? Al menos la supervivencia de las gentes es una prueba a favor del fuego.
Me parece que esta es una opinión ecologista de salón. Evidentemente las altas temperaturas acaban con buena parte de la vida microbiológica, pero solamente en los primeros milímetros del suelo. Y las poblaciones “microbianas” son capaces de reproducirse con mucha rapidez y recuperar el terreno perdido. No todo en los fuegos controlados es favorable para la vida, algunos salen perdiendo, pero su balance ha sido muy positivo para la humanidad. De hecho sin fuego no estaríamos aquí.
Las cuestiones deberían centrarse más en la cantidad de fuegos, su evitación en zonas muy delicadas (por su riesgo de erosión, riqueza biológica afectable, peligro para las vidas y los bienes…), en manejo racional y la disponibilidad de medios y técnicas para combatirlos cuando se escapan fuera de los límites deseables.
Tarea compleja, pero apasionante… siempre que se eviten los atajos (búsqueda de chivos expiatorios, politización de la cuestión, excesiva criminalización, uso demagógico…).
Pero me gustaría mucho conocer la opinión de nuestros colegas bolivianos sobre todas estas cuestiones. ¿Hay alguno por ahí…?
(puedes seguir leyendo un análisis sobre los incendios bolivianos en Los incendios de Bolivia en 2010, dentro de lo normal)