Tras los muertos, el debate

Ayer día 11 todavía no se había cerrado el recuento de las víctimas. La policía piensa que pueden pasar de 300 los muertos y muchos cientos los heridos. La catástrofe del fuego en el estado de Victoria en Australia es de las que pueden abrir un periodo de reflexión en el tratamiento del bosque y de sus incendios.

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La superficie quemada, unas 350.000 hectáreas en un par de semanas, no ha sido extraordinaria. Según el Informe sobre el estado de los bosques en Australia, la superficie quemada en las campañas de los últimos años ha sido la siguiente:
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La zona afectada es menos del 10% de la quemada habitualmente al año en Australia.

Las quemas preventivas, para reducir el riesgo de incendios incontrolados y catastróficos son habituales y vienen a suponer un 25% de la superficie quemada. En este estado de Victoria el gobierno había rechazado recientemente una propuesta parlamentaria de multiplicar por tres la superficie de quemas controladas anuales, de 130.000 a 385.000 ha.

Grandes incendios de más de cien mil hectáreas no son excepcionales en las zonas en donde la vegetación natural forma grandes extensiones sin interrupciones de espacios agrícolas. Aunque en este caso parece que la mano humana se encuentre en el origen de los fuegos, tampoco son raros los de origen natural. En enero de 2006 los rayos provocaron un incendio que estuvo a punto de destruir el pueblo de Kinglake, uno de los más afectados ahora.

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Lo extraordinario ha sido la gran cantidad de víctimas, ciento cincuenta de las cuales en una pequeña zona de unos miles de hectáreas en las cercanía de Melbourne, en el entorno del Parque Nacional de Kinglake.

Las gentes del lugar estaban acostumbradas a los fuegos, pero como ha declarado el Presidente del Estado de Victoria, la política de “evacuar rápidamente o quedarse a proteger la propiedad, que había sido efectiva los últimos 20 años, no ha funcionado en este incendio. Había mucha gente que había hecho todos los preparativos y tenía los mejores planes antiincendio, pero que trágicamente no les han salvado” (según mi traducción aproximada de Premier John Brumby said the policy of “leave early or stay and defend property” would come under scrutiny. “It’s served us well for 20 years or more,” Mr Brumby told radio 3AW. “It’s not true to say that of the fire on Saturday. “There were many people who had done all of the preparations, had the best fire plans in the world and tragically it didn’t save them.”).

El gran número de víctimas tiene que ver con la gran cantidad de población que vive, temporal o establemente, en las inmediaciones o incluso dentro de los bosques. Este es un fenómeno que se extiende, paradójicamente, a medida que la sociedad se hace más urbana. Pero también tiene que ver con la forma, eminentemente urbana, de relacionarse la sociedad con los bosques. Ya no son un soporte directo de la vida humana (que a veces llamamos economía), sino de la vida no humana (que es lo que suele denominarse biodiversidad). Combinar ambas es difícil. Caer en una visión mítica e ideal de cómo funciona la vida (ambas, la humana y el resto, porque están muy imbricadas), muy fácil. De vez en cuando la realidad de la naturaleza nos da un cruel aldabonazo. Es recomendable plantearse una nueva relación entre la sociedad y el bosque, especialmente entre la ciudad en sentido amplio, territorial y cultural,  y el bosque y el medio natural.

La estrategia forestal australiana de los últimos años está empezando a ser cuestionada, y sin duda habrá grandes cambios, aunque los responsables de los bosques y de la lucha contra el fuego razonablemente piden que no se hagan cambios en caliente, cuando ni siquiera se han apagado todos los fuegos.

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Una de las historias que han surgido y van a hacer reflexionar es la de Liam Sheahan, un habitante de Reedy Creek que hace siete años eliminó, ilegalmente, la vegetación que rodeaba su casa, eliminando 250 árboles de su propiedad. Fue denunciado, juzgado y multado con unos 25.000 euros. Ahora su casa es la única que se han salvado en dos kilómetros a la redonda.

La legislación solo permitía limpiar el arbolado situado a menos de seis metros de su casa, cuando el hizo un cortafuegos de cien metros. “Se nos llevó a juicio y se nos miró como a los peores vándalos medioambientales sobre la tierra. En nuestra propiedad tenemos miles de árboles. Solo cortamos 247” (traducción libre de las declaraciones de Sheahan: “The council stood up in court and made us to look like the worst, wanton environmental vandals on the earth. We’ve got thousands of trees on our property. We cleared about 247″).

Esta y otras historias pueden leerse en los periodicos locales: El The Age, el Herald Sun o el Sidney Morning Herald. Las fotografías incluidas en este artículo proceden de las enviadas por los lectores al Herald Sun, la primera de Chris Sheffield, la segunda de Nick Hill y la última de Chris Roche.

2 comentarios Tras los muertos, el debate

  • Carlos de Sort

    Realmente el caso Australiano merece considerarse, i felicito al que ha generado esta entrada.
    Cuestiona nuestra relación con los bosques, y sobre todo, como un proteccionismo mal planteado, puede generar tanto daño.
    El caso del sancionado por proteger su vivienda, y que finalmente logra ser el único en salvar su casa puede hacer pensar que sea el instigador del fuego.
    En cualquier caso, hace pensar en que las prohibiciones por parte de la Administración, que no dejan de ser una medida de fuerza, pueden derivar en circumstancias diferentes, en responsabilidad sobre daños y vidas humanas.
    Lo que es interesante de cara a la biodiversidad, puede ser peligro para la supervivencia. En cualquier caso, también hay que referirlo a las circumstancias concretas, y en ese detalle, está la asignación de recursos a los problemas, y las responsabilidades políticas de quienes disponen y asignan los recursos.

  • jesús guzmán

    Trasladar el caso de Australia fuera de la Isla es peligroso, ya que la espesura del lugar y las especies que pueblan aquel país sólo se puede encontrar en zonas de España donde se ha plantado. Aunque si es verdad, que en estas zonas de la peninsula, estas especies tan pirofilas, son las que mas dolor de cabeza dan todos los veranos a la poblacion y a los efectivos contra incendios.
    Si se da el caso, que se ha dado en Australia, donde también los pirómanos han hecho de las suyas, la cuestión no es abrir cortafuegos de 100mtos. como aduce el artículo, sino de buscar a 100 pirómanos o incendiarios. Si existen estos, es porque hay un gran problema social, donde la administración no ha actuado convenientemente, pero que aun así, con el problema social y con la administración mirando hacia otro lado, el responsable es el incendiario.

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